jueves, 1 de enero de 2015

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar enero 2015



CABO DA CRUZ

Los pecios no saben
que han naufragado.

Se obstinan en esperar a que suba la marea
Mientras duermen el susurro de las olas.

Los pecios bajo la corriente de Bengala.
La fría traición del agua, de los vientos que arrojan
sobre la arena todo
cuanto fuimos.

Barcos que encallaron
en mil novecientos ochenta y seis
O quizá quinientos años antes
cuando Diego Cao descubriera
y tomara para el rey Juan
el cabo da Cruz.

Oxidada madera,
hueso y tiempo detenidos.
Costa de esqueletos.

El mar convierte en sal
todos los naufragios.

Javier Díaz Gil
22 de septiembre de 2014
Cape Cross. Costa de los esqueletos. Namibia.

4 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

Vaya, seguro que alguno de esos restos de naufragios, tiene el rostro exacto -y salobre- de mi memoria. No te aconsejo que entres en él, apenas queda nada que el tiempo no haya corroído. Pero mándame una foto por wasap, a uno siempre le gusta reconocerse en quien no fue.
Abrazos, siempre

Javier Díaz Gil dijo...

Querido Amando, reconocernos en el rostro naufragado es siempre un reto. Somos auma de naufragios y también de hazañas. Gracias Amando, por asomarte a estos poemas. Un abrazo muy fuerte, amigo.
Javier

Iñaki dijo...

"El mar convierte en sal todos los naufragios". Después de leer esta frase me he sentado entre las rocas, con el mar yendo y viniendo delante de mí. En las noches de invierno el mar es aún más inquietante, y tan inmenso, que a su lado cualquier existencia parece insignificante, restos de un naufragio por venir.

En realidad no me he movido del sofá, aunque lo haya parecido gracias a ti.
Un abrazo, Javier. Que la belleza te siga acompañando.

Javier Díaz Gil dijo...

Gracias Iñaki. Eres muy generoso conmigo. Ese mar que has visto sentado en tu sofá es un regalo que me haces. Ojalá siga la belleza visitándome y compartiéndola con vosotros. Un abrazi fuerte amigo.
Javier