
Luna de sangre.
Las estrellas brotando
de mi garganta.
© Javier Díaz Gil

mito.
1. m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.
2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal.

Último poema antes de suicidarse.
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

LOCURAS
Hay locuras para la esperanza,
hay locuras también del dolor.
Y hay locuras de allá,
donde el cuerdo no alcanza,
locuras de otro color.
Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar.
Hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar.
Hay locuras que son
como brazos de mal:
te sorprenden, te arrastran,
te pierden y ya.
Hay locuras de ley,
pero no de buscar.
Hay locuras que son la locura:
personales locuras de dos.
Hay locuras que imprimen
dulces quemaduras,
locuras de Diosa y de Dios.
Hay locuras que hicieron el día,
hay locuras que están por venir.
Hay locuras tan vivas,
tan sanas, tan puras,
que una de ellas será mi morir.

SANTA AGNES
Donde los ojos
miraron
el blanco luminoso de la cal,
-la iglesia luz
sobre el azul del cielo-,
donde la punta de la lengua reconoce
el sabor del café y de la paz.
Hay espacios para encontrarse
-donde perderse para siempre-
adonde huir
de todos los fantasmas.
Espacios
-como tablas de náufrago-
donde sabremos
reconocernos.
© Javier Díaz Gil
Si hay una figura indiscutible en el panorama filósofico español en el siglo XX, esa es María Zambrano. Discípula de Ortega y Gasset, otro de los pensadores españoles fundamentales del pasado siglo.
Traigo a este blog a María Zambrano para hablar del estudio que realizó sobre la Filosofía y la Poesía. El fin de la Filosofía, nos concluye Zambrano, es la búsqueda de respuestas. Sin embargo, la finalidad de la Poesía es plantear preguntas.
La Poesía plantea preguntas, quiere ser espejo donde reflejarnos. Un buen poema debe hacernos partícipe de las inquietudes del poeta, las inquietudes del poeta no son sino las de cualquier ser humano. El lector no busca respuestas en la Poesía, busca identificarse ante las preocupaciones que le son comunes.
Nacida en Vélez-Málaga (Málaga), fue discípula de José Ortega y Gasset y profesora en la Universidad de Madrid. Durante la Guerra Civil española (1936-1939) participó en algunas comisiones de ayuda humanitaria y cultural y se exilió en México, adonde llegó en 1939. Profesora de la Universidad de Morelia, se trasladó muy pronto a La Habana, en cuya universidad enseñó durante varios años, así como en la Universidad de Puerto Rico. Posteriormente vivió en Italia y en Suiza antes de su regreso definitivo a su país. Zambrano realizó una obra original en la que desarrolló algunas ideas de la filosofía de Ortega. Uno de sus temas fundamentales estriba en el análisis de lo que denomina "razón poética" (Claros del bosque, 1977). Señaló, además la relevancia de lo que denomina el "saber del alma", que queda unido a su reflexión sobre la esperanza y sobre la urgencia de lo divino en la vida humana (Hacia un saber sobre el alma, 1950; El hombre y lo divino, 1955). Para Zambrano, la filosofía no era sólo una cuestión de conceptos, sino de símbolos que deben abordar los problemas esenciales de la trascendencia y los grandes misterios de la vida humana. Entre sus obras, Filosofía y poesía (1939), La agonía de Europa (1945), El sueño creador (1965) o De la aurora (1986). En 1993 se publicó una extraordinaria antología, La razón de la sombra, de su obra completa. (Biografía tomada de www.epdlp.com)
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Recomiendo la lectura de "Filosofía y Poesía", lectura siempre amena de Zambrano.
En http://cvc.cervantes.es/actcult/zambrano/obra/obra02.htm encuentro esta interesante referencia de su obra:
"Los ensayos que componen el volumen plantean reflexiones sobre las relaciones entre pensamiento y poesía y para ello se remonta a la época clásica, a la escuela de Sócrates y sus discípulos, a los escritos de Platón en El banquete y La República para encontrar qué verdades se revelan mediante el conocimiento filosófico y qué verdades se revelan mediante el homónimo poético. El enfrentamiento entre filosofía y poesía para los pensadores griegos se explica, según Zambrano, porque mientras el filósofo quiere la unidad, el poeta quiere cada una de las cosas y sus matices, sin restricción ni renuncia alguna. Sigue diciendo Zambrano, que todavía en el presente de la poesía, se puede ver que es una especie de desterrada, de extranjera, que busca un lugar en donde plasmar su fecundidad. Para explicar la necesidad existencial de la poesía, Zambrano la aúna con otras disciplinas como la ética, la mística, la metafísica. En el primer supuesto, defiende la inmoralidad de la poesía, pero, por eso mismo, la considera necesaria y elemental para la existencia humana, porque la poesía acude a entregarse incluso a los que nunca la desearon, y ella los transforma y engrandece; en cuanto a las relaciones entre la mística y la poesía, Zambrano acude a San Juan de la Cruz y a la tradición mística española para defender la mística del amor platónico y confirmar que en la poesía se perpetúa la religión del amor, la antigua religión de la belleza, transformada, ahora en la religión de la poesía.
Respecto a las relaciones entre poesía y metafísica, Zambrano aboga, otra vez, por la reconciliación entre poesía y filosofía: recupera distintas obras poéticas de la Edad Media, el Renacimiento, el Romanticismo o el Simbolismo, hasta concluir en la época conocida existencialista, con las que Zambrano pretende demostrar que la poesía se apunta como elemento y medio de purificación. Asegura que la metafísica más actual, tan lejana ya de la metafísica griega, se halla impregnada de un sentimiento de angustia, sin duda, la raíz originaria de la metafísica en sí misma. Así, la poesía vendría a purificar, a liberar la angustia, porque la poesía es reintegración, reconciliación, abrazo que cierra en unidad al ser humano; en suma, la poesía busca realizar la inocencia, transformarla en vida y conciencia, en palabra y en eternidad."
Me quedo con la idea de Zambrano de que la poesía es necesaria, porque acude a entregarse incluso a los que nunca la desearon y ella los transforma y engrandece.
Os recomiendo la visita, si queréis conocer más sobre María Zambrano, de esta web: