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domingo, 9 de septiembre de 2007

Gabriel Ferrater: poetas suicidas (4)

Gabriel Ferrater (1922-1972)

En el recorrido que voy haciendo en este blog sobre poetas suicidas tengo la doble intención de, por un lado rescatar su poesía y, por otro lado, la de conocer qué ocurrió en las vidas de los poetas para que tomaran la decisión de suicidarse.
Gabriel Ferrater, poeta catalán, perteneciente al Grupo de Barcelona de la Generación del 50 (junto a Carlos Barral, Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo... ) es un poeta de obra reducida, apenas tres libros, pero de gran influencia para los poetas de generaciones posteriores.

Tal vez el miedo a envejecer, al paso del tiempo fue la causa última de su suicidio. Un suicidio ya anunciado.

Una muerte prevista desde 1957 cuando, paseando por su ciudad natal, le aseguró a Jaime Salinas que no alcanzaría la cincuentena, "para no llegar a oler nunca como un anciano".

De www.epdlp.com recojo aquí una breve biografía suya:

Poeta en lengua catalana nacido en Reus. Gabriel Ferrater es, sin duda, uno de los poetas catalanes contemporáneos que suscita más pasiones: por un lado, por su incuestionable valor literario y, por otro, por su vinculación a la llamada Escuela de Barcelona, como la bautizó Carme Riera, o subgrupo catalán del grupo poético de los años 50, en palabras de García Hortelano; es decir, por su condición de compañero de viaje de Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, entre otros. Autor de una consistente y poco extensa obra literaria, Ferrater publicó tres volúmenes de poesía: Da nunces pueris (1960), Menja't una cama (1962) y Teoria dels cossos (1966), que posteriormente recopiló bajo el título Les dones i els dies (1968), y comparte asimismo la autoría de una novela policíaca escrita a cuatro manos. El 27 de abril de 1972, se suicidó en su piso de Sant Cugat, al parecer por miedo a envejecer. No llegó pues a cumplir los 50 y su muerte precoz y violenta lo convirtió en un mito que aún perdura.

He encontrado una muy bien documentada web sobre Ferrater a la que os invito a visitar para ampliar nmás información (biografía, entrevistas, artículos):

http://www.joanducros.net/corpus/Gabriel%20Ferrater.html

Recojo de esa página un artículo que nos desvela la vida intensa del poeta. El alcohol, la pasión, la amistad, la oposocoón intelectual al franquismo de Gabriel Ferrater y del Grupo de Barcelona:

Articulo publicado en “la Vanguardia” el 03/05/02 por Maria Àngels Cabré

Ferrater, una vida intensa

Fueron todos ellos, los niños de su generación, hijos de la guerra. Niños de retaguardia, como los bautizó García Hortelano en el prólogo a su célebre antología, la del grupo poético de los años cincuenta, en la que de haber escrito en castellano, Gabriel Ferrater aparecería; y es eso lo que por encima de todo une a esos futuros poetas nacidos en la década de los veinte, más allá de los excesos e insolencias que vendrían después: el recuerdo fehaciente de la guerra. Con la Guerra Civil a sus espaldas, ese estado de excepción que durará tres años y se alargará de una manera inconmensurable, e inimaginable, durante un desierto de casi cuarenta años, que tendrán que aprender a vadear cada uno a su manera y que acabará por convertirlos en un conglomerado de ansias y deseos, llegarán en la España de posguerra esos niños a hombres y, en los albores de los 70, comenzarán a respirar los aires de libertad que tanto han añorado y también instigado. Gabriel Ferrater no lo verá. Un cúmulo de circunstancias, de fuerzas más fuertes que él mismo, lo vencerá y finalmente se quitará la vida en la soledad de su apartamento de Sant Cugat, a las afueras de su ciudad adoptiva, Barcelona, a la que había llegado siendo apenas un muchacho y donde el intelectual heterodoxo que fue vivió sus glorias y sus fracasos. Perteneciente a una familia acomodada, había nacido en Reus el 20 de mayo de 1922, en el primer piso del Raval de Santa Anna 80, en una casa señorial y de aspecto novecentista situada en el centro de la ciudad. La ciudad de los prodigios En la agitada primavera de 1938, huyendo de la costa tarraconense, los miembros de la familia Ferraté -sin la "r"- recalaron en la Ciudad Condal y fueron distribuidos en diferentes domicilios: los hermanos de Gabriel, Joan y Amàlia, se instalaron en el chalet que tenían en el barrio de Pedralbes unos tíos suyos, que no tardarían en exiliarse a Londres; Gabriel y sus padres hicieron lo propio en el cercano Instituto Tècnic Eulàlia, propiedad de unos amigos. Barcelona fue en esos días muy castigada por las bombas -una de ellas mató a Julia Gay, la madre de los Goytisolo, a unos pasos del Club Coliseum, en la Gran Vía -, y el sonido de las alarmas pasó a formar parte de la vida cotidiana, así como la visión descorazonadora de las ruinas. De hecho, uno de esos días, bajo un bombardeo, la hermana de Gabriel tuvo que ser operada de apendicitis. A finales de julio, una avioneta los trasladó a Toulouse, en cuyo aeropuerto los esperaba su padre, Ricard Ferraté, que había conseguido un empleo en el consulado español en Burdeos. Gabriel se quedó dos meses más en Barcelona, leyendo a Josep Carner y a Carles Riba; y, si otorgamos credibilidad a su "Canción idiota", aprendió a hacer el amor a la sombra de los pinos de Pedralbes. Las Ciencias Exactas A finales de septiembre de 1947, después de los años del exilio francés y tras haber hecho el servicio militar en el Alto Aragón, Gabriel Ferrater decide matricularse en la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Barcelona como alumno no oficial; tiene veinticinco años y sus avances como estudiante universitario van a ser igual de irregulares y lentos que sus estudios de bachillerato. De hecho, no desistiría de su empeño, y sin conseguir licenciarse, hasta el año 1968, veinte años después de matricularse por vez primera, aunque no cursaría entonces precisamente la carrera que había elegido al comienzo, sino la que podríamos considerar su opuesta, Filosofía y Letras, en cuyas aulas sería al mismo tiempo docente y alumno aventajado, mas nada sistemático. En aquellos primeros tiempos en Barcelona, desde su pensión asomada a los plátanos urbanos, a Gabriel le bastaba atravesar la Rambla para adentrarse en un universo muy distinto, donde las leyes eran otras. El bajo vientre de la ciudad ofrecía en aquellos años a Ferrater, y a los muchachos como él, un ámbito de libertad a la que no estaban acostumbrados, de modo que, ebrios de curiosidad, paseaban su rotunda juventud por las callejas estrechas y mal ventiladas que constituían el distrito V. Dicen sus amigos que a Gabriel Ferrater le gustaba especialmente el escándalo y que aunque ligaba poco se encendía mucho, pues la suya era una sexualidad exacerbada. Y parece ser que, en más de una ocasión, él y sus compinches usufructuaron de los favores de unas pobres profesionales del amor a las que después no pagaban alegando falta de recursos, cosa que debía de encolerizarlas y a ellos hacerlos huir entre risas hacia el centro neurálgico de la Rambla. Cruzado el umbral en que la penumbra se iluminaba, refugiados en los jardines del Ateneu o en su silenciosa biblioteca, de suelo tan adamascado como el de los claustros universitarios, esos chicos alborotadores, futuros intelectuales que no tardarían en pasar a formar parte del tejido cultural de la ciudad, regresaban a sus quehaceres. O bien se lanzaban a pasear por una Barcelona sometida y se les hacía de noche rambleando, como a los protagonistas de la novela policiaca que Gabriel Ferrater y su amigo José María de Martín escribirían bajo la atenta mirada del escritor Juan José Mira, agente secreto del Partido Comunista que sería galardonado en esos años con el primer Premio Planeta. Marinero en tierra Carlos Barral con su perfil de mascarón de proa y la camisa abierta y remangada, noctívago perdulario Jaime Gil con sus trajes a medida y su corbata impoluta, y así cada uno de ellos. En el grupo de muchachos alegres e intelectualmente osados cuyo núcleo formaría después la escuela de Barcelona, Gabriel Ferrater se encontró a gusto desde buen comienzo y fue aceptado sin reparos, aunque tal vez secretamente, como se ha apuntado, albergara en lo más hondo un pequeño sentimiento de envidia azuzado también por su condición de provinciano con escasos recursos. Un club informal y enormemente etílico, para algunos muy abierto y para otros muy cerrado, en el que se le admiraba y era considerado un tipo genial, con una inteligencia prodigiosa, que se desbordaba, se salía de sí mismo. La boda de Carlos e Yvonne, en octubre de 1954, había convertido a la pareja en el centro gravitatorio y su ático de San Elías -el pintor Tàpies vivía en el piso de abajo- se había erigido en el ámbito principal de sus coloquios. Lo frecuentaron todos y por allí pasaron escritores procedentes tanto del resto de la península como del extranjero. Uno de los primeros en llegar fue Blas de Otero, que en el año 1955 se instaló, parece ser que más tiempo de lo debido, en casa de José Agustín. Gabriel Ferrater, viéndolos siempre juntos, los bautizó como "el húngaro y su oso", siendo el oso el poeta bilbaíno. Allí aterrizó también Monique Lange, la futura mujer de Juan Goytisolo, que éste presentó a sus amigos ante la presencia irradiante de Ferrater; Monique trabajaba por entonces en Gallimard y estaba llamada a participar en las ya inminentes reuniones de Formentor, que pasarían a tener proyección internacional. Lo cierto es que fueron muchos los intelectuales que entraron y salieron de la casa oscura o de alguno de sus ocasionales centros de reunión: el susodicho ático, el sótano de Jaime Gil -más negro que su reputación-, el palacete de Jaime Salinas, el bar librería Cristal-City, sito en la calle Balmes, que aún existe y sustituyó a las reuniones del Boliche... En el Cristal-City -que aparece en "Últimas tardes con Teresa"- organizó Salinas el primer cóctel de prensa de la editorial, institucionalizándolo como sede para los acontecimientos de esa índole. Del amor a las mujeres No creo faltar a la verdad si digo que Ferrater, quien bebía ya en aquella época como una esponja, fue el cedazo a través del cual pasó buena parte de la literatura extranjera que se publicaba entonces y que, procedente de las editoriales amigas, traía el correo a "la casa oscura", es decir, a la editorial Seix Barral. De esas lecturas salieron buena parte de los informes que, junto a los que escribió para la Rowohlt en su estancia en Hamburgo, están reunidos en Noticias de libros. Despuntaba la primavera del año 1958 cuando comenzó su primer libro de poemas, nacido al abrigo de su enamoramiento hacia una prima de su amigo Barral, Isabel Rocha. El amor y Shakespeare, y no sus sonetos, sino sus dramas, combinados con una nueva lectura de Brecht, lo llevaron nuevamente al arte de versificar, que ya había practicado, al parecer con poco éxito, en su temprana juventud; una sugerente mixtura de elementos que gestó un libro de poemas poco usual, donde conviven un nuevo tratamiento de lo coloquial y una honda reflexión intelectual. Clausurada toda esperanza en su relación con Isabel, Gabriel se fija en Helena, hija de su amigo Eduard Valentí, traductor de Lucrecio. A este respecto, se dice que Gabriel Ferrater causó estragos en esos años entre las mujeres de sus amistades, no ya en el círculo de lo que se iba a llamar la "gauche divine", donde las jóvenes -Yvonne, Beatriz de Moura, Rosa Regàs...- estaban ya emancipadas, sino entre las esposas algo ya más entradas en años de sus amigos del círculo de Vinyoli, lo que incluye algún que otro devaneo con la madre de Helena. Tenía Gabriel dieciocho años más que su amada. Y esta vez correspondido, aunque no sin reparos, la suya fue, cuando menos por parte de Gabriel, una pasión encendida. Pues a sus veinte años la futura novelista Helena Valentí -la muchacha cuello largo del poema que lleva su nombre- era una de las presas más codiciadas de la malediciente sociedad estudiantil. Novia con anterioridad de Juan Antonio Masoliver Ródenas, dice éste que Gabriel literalmente se la quitó, no sin antes, ¿o fue después?, contemplar cómo se rozaba con el benjamín del grupo, Juan Marsé. Cerrado este capítulo amoroso, Ferrater se casó con Jill Jarrell, la bella americana que no pudo por menos que abandonarlo tras cinco años de matrimonio ante su escasa habilidad para la vida práctica. En 1969, cuando el divorcio con ésta se formaliza, Marta Pessarrodona es ya la compañera de Gabriel y su tarea no va a resultar nada fácil, pues la situación del poeta es complicada y necesita todo el apoyo que se le pueda prestar. Marta resulta ser una gran ayuda para el poeta: vela por él, hace lo posible para que el alcohol no lo venza, lo busca de un lado a otro cuando se escapa de su control, hallándolo en domicilios de amigos completamente beodo; o lo espera durante horas en el austero piso de Sant Cugat, mientras Gabriel bebe ginebra en El Mesón, ajeno al transcurrir de las horas. Su última vocación A pesar de todo, podría decirse que las cosas empiezan a irle bien al final de su vida y que ello se debe a la lingüística, su última vocación, y al halo misterioso que tan docta materia contribuye a crear a su alrededor. Disfruta de un cierto reconocimiento público, aunque no materializado en prebendas capaces de sanear su maltrecha economía; ejerce como profesor en la recién creada Universitat Autònoma, donde incluso se le augura un gran porvenir; y está, si cabe, más lúcido que nunca, pues ha comenzado a esbozar una gramática catalana cuya redacción considera indispensable para la buena marcha de su lengua de expresión y cuya consecución tal vez le anime a retomar la poesía, que desde hace unos años tiene totalmente abandonada. Aun así, el día 27 de abril de 1972, quién sabe si en lo más negro de la madrugada o entre los tonos granas del amanecer, Gabriel Ferrater se quita la vida. Esa noche, una alumna y su marido lo esperaban a cenar. Dos días después, Marta descubrió el cadáver. No hubo duelo nacional.

......

No quiero alargarme más en esta entrada del blog porque, como siempre, para valorar a un poeta es necesario leer sus poemas.
Sé que no os dejarán indiferentes los que aquí os copio, y que os harán valorar a Ferrater como un poeta imprescindible y que, seguramente, os moverán a seguir leyéndole.

....

EL MUTILADO

Ya sé que no le quieres.

No lo digas a nadie

Los tres, si tú me ayudas,

guardamos el secreto.

Nadie más ha de ver

lo que tú y yo hemos visto.

Se esconderá de todas

las personas y cosas

que antes eran amigas.

Vendrán días de invierno,

muy lejos de las mesas

donde os servían antes

ostras y vino blanco.

En los días lluviosos

no mirará el asfalto

donde os habíais visto

cuando ibais a pie

porque no había taxis.

No abrirá más los libros

que le hablaron de ti:

ignorará qué dicen

cuando no hablan de ti.

Y sobre todo, puedes

estar segura, nunca

sabremos dónde está.

Él se irá confinando

en muy lejanas tierras.

Caminará por bosques

oscuros. No verá

la azagaya de luz

de la memoria súbita.

Y cuando esté tan lejos

que ya parezca muerto

podremos recordarle,

decir que no le amabas.

Ya no nos dolerá

ver que te necesita.

Será como un espectro

sin dolor y sin vida.

Tal la foto macabra

de una Gueule Cassie,

que orna un escaparate

y no nos sobresalta.

Pero ahora, silencio:

no alarmemos a nadie,

que no vean la herida

sangrante y purulenta.

Demos tiempo al olvido.

Callemos, y que nadie

-ni siquiera yo mismo-

recuerde que soy yo.

Versión de Pere Gimferrer

....

ESTANCIA DE OTOÑO

La persiana, sin cerrar del todo, como

un sobresalto que se contiene para no caer al suelo,

no nos separa del aire. Mira, se abren

treinta y siete horizontes rectos y delgados,

pero el corazón los olvida. Sin nostalgia

se nos va muriendo la luz, que era de color

de miel, y que ahora es de color de olor a manzana.

Qué lento, el mundo; qué lento, el mundo; qué lenta,

la pena por las horas que se van

tan aprisa. Di, ¿recuerdas esta

estancia, verdad?

«Le tengo mucho cariño.

Esas voces de obreros -¿Quiénes son?»

Albañiles:

falta una casa en la manzana.

«Cantan,

y hoy no los oigo. Gritan, ríen,

y hoy, que callan, los echo a faltar.»

Qué lentas,

las hojas rojas de las voces, qué inciertas

cuando vienen a cubrirnos. Dormidas,

las hojas de mis besos van cubriendo

los refugios de tu cuerpo, y mientras olvidas

las hojas altas del verano, los días

abiertos y sin besos, el cuerpo,

en lo hondo, recuerda: todavía

tienes la piel hecha de sol y luna.

Versión de José Corredor-Matheos

....

AMANECER

Noche que se me va, otra noche, y el ala

de un inmenso avión se ha interpuesto

entre el azul espeso y la ventana, y dudo

si es un verde tenuísimo o si es plata, fría

cual finura insistente del bisturí que rasga

el útero, o también la luz misma, cuando agrieta

la mano del chiquillo cansado de hacer fuerza

para irritar a sus hermanos, simulando que oculta

quién sabe qué tesoro, y va aflojando

la presa, y sé que nada ha de salir que ayer

no estuviera ya en mí desconsoladamente, y me da

frío mirarme un día más, chupado

hueso frutal, sin pulpa, a la intemperie.

Versión de José Agustín Goytisolo



jueves, 19 de julio de 2007

Alfonsina Storni: poetas suicidas (3)


Alfonsina Storni, se suicidó con 46 años entrando en el Mar del Plata.
El amor que no le correspondió del también escritor (que igualmente se suicida antes que ella), una enfermedad: un cáncer de mama, que resultó incurable, empujaron a esta poeta romántica a un final, a pesar del éxito literario que vivió al final de su vida, a una inestabilidad que provocó su decisión de acabar con ss vida caminando mar adentro en el Mar del Plata.

Dice su biografía:
Alfonsina Storni

(Argentina, 1892-1938)
Escritora argentina, nacida en la Suiza de habla italiana. Maestra de la Escuela Normal y profesora de arte dramático, hizo alguna incursión en el teatro, pero lo más conocido de su obra son sus libros de poemas. Comenzó su carrera literaria en 1916 con La inquietud del rosal, que recoge las sugestiones intimistas y sentimentales de un nuevo romanticismo, desprendiéndose de la poderosa influencia del modernismo. En esta línea publicó El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919) y Languidez (1920). Sus viajes a Europa, en 1930 y 1934, influyeron en un cambio de rumbo poético, que se refleja en sus libros de madurez, los más logrados, donde la experiencia amorosa se torna confidencia dramática, reflexión sobre la condición femenina y audaz, para la época, sinceridad erótica: Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938). Formalmente, su expresión se hace más libre y se evade de los moldes anteriores del clasicismo. Se suicidó en Mar del Plata en 1938.

Podéis ampliar más la información sobre su obra consultando la excelente página dedicada a ella en Cervante Virtual:
http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Alfonsina/

De Alfonsina, todos recordaremos los últimos versos que escribió antes de morir, premonitorios de su suicidio:

DIENTES DE FLORES, COFIA DE ROCÍO...

Último poema antes de suicidarse.

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

........

Tenme prestas la sábana terrosa...

Basada en este poema nació la preciosa y conocida canción "Alfonsina y el mar" que interpreta como nadie Mercedes Sosa. Podéis escucharla pinchando en este video. Ya solo me resta invitaros a conocerla más, leyendo sus poemas:

viernes, 29 de junio de 2007

José Agustín Goytisolo, poetas suicidas (2)



José Agustín Goytisolo, poeta de la Generación española del 50 (de alguno de estos poetas ya he hablado en este blog: Ángel González(1) (2), Gil de Biedma, Claudio Rodríguez) . Sus últimos años vivió inmerso en numerosas depresiones, que le condujeron al suicidio un 19 de marzo de 1999.


Inicié este recorrido de poetas suicidados con Alejandra Pizarnik, hoy quiero hablar de Goytisolo.


Goytisolo era de la opinión de que el poema debía trascender al poeta. Prefería que uno de sus poemas fuera recordado aunque no supiera la gente quién era el autor. Estoy de acuerdo. El poeta no es sino un vehículo, el poema es lo que importa.


De http://www.epdlp.com/ recojo su biografía:


José Agustín Goytisolo (1928-1999)


Poeta nacido en Barcelona el 13 de abril de 1928, de familia burguesa y castellano-hablante, que se vio brutalmente sacudida por la muerte de la madre -Julia Gay- víctima de un bombardeo franquista sobre la ciudad en 1938. El hecho dramático afectó a todos los hijos, pero especialmente a José Agustín, que puso a su hija el nombre de la madre perdida, y que en uno de sus más célebres poemas (musicado y cantado por Paco Ibáñez), Palabras para Julia, une voluntariamente, en amor y deseo, a las dos mujeres. En 1993, en el tomo Elegías a Julia Gay reunió todos los poemas de tema materno, principal en su primer libro, El retorno (1955) y en otro, muy posterior, en que pretendía cerrar esa vieja y fecunda herida, Final de un adiós (1984). Empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Barcelona, y culmina los estudios en la de Madrid, viviendo en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe, donde conoció a otros poetas de la generación que vivían entonces en Madrid, como José Angel Valente o José Manuel Caballero Bonald. Una generación de grandes poetas y novelistas (García Hortelano, Martín Gaite, Martín Santos) comprometidos contra la dictadura, comunistas o compañeros de viaje algunos años del clandestino Partido, pero también terriblemente comprometidos con la vida: noctámbulos, bebedores, bohemios, liberales todos ellos; sexo, alcohol y vida. Pocos poetas tan ajenos al academicismo. Tras el éxito de su primer libro, José Agustín se convierte en el poeta más famoso del grupo, primacía que mantendrá hasta los años 60. Ganó el Premio Adonais en 1954, el Boscán -entonces muy renombrado- en 1956 con Salmos al viento (uno de sus libros más significativos), y en 1959 el Ausias March, con Claridad. Aunque en 1961 José Agustín es el primero en reunir su obra publicada en el tomo Años decisivos, será también el primero en entrar en una cierta crisis creativa -de la que saldrá con Algo sucede, en 1968- relacionada con la validez de la poesía social como arma política, y aún con el tema -tan generacional- de poesía como conocimiento frente a poesía como comunicación. Todavía le quedan a Goytisolo grandes libros por delante. Así Bajo tolerancia (1973), Taller de Arquitectura (1977), Del tiempo y del olvido (1980) o Como los trenes de la noche (1994). Pero es verdad que otros poetas de su generación (Gil de Biedma, Valente, Brines, Claudio Rodríguez, Angel González) empiezan a preponderar y él resulta menos preeminente. Su último libro de versos, Cuadernos de El Escorial, salió a fines de 1995. Tuvo una importantísima tarea como traductor de poesía. Poetas italianos, como Pavese. Pero sobre todo poetas catalanes. Sus antologías de poesía catalana contemporánea fueron pioneras para que los castellano-hablantes la conocieran (y muy bien traducida) la poesía moderna de Catalunya. Los catalanes, de una y otra lengua, no le deben poco. Desde la inaugural Poetas catalanes contemporáneos de 1968 a Veintiún poetas catalanes para el siglo XXI de 1996. Bebedor, fumador, vitalista, hombre de la vida como libertad y como exceso, tuvo al final de su vida inumerables depresiones. José Agustín Goytisolo se suicidó el 19 de marzo de 1999 arrojándose al vacío desde el balcón de su casa.


............


Tal como dice su biografía, sus poemas fueron musicados por cantautores como Paco Ibáñez. Ambos, Goytisolo y Paco Ibáñez realizaron una serie de recitales en los que compartieron música y poemas, yo asistí a uno de ellos, fue un día inolvidable.


De este imprescindible poeta os dejo aquí algunos de sus poemas, preferidos por mí. Algunos traducen su tendencia a la tristeza y a la depresión, e incluso a su tratamiento, como en "Llega el litio". Como siempre os invito a dsifrutarlos y a conocerle un poco más.


El poema

El poema
es un arma de dos filos.
Uno suave
y el otro
como un grito cortante
como un rayo
incisivo.

¡Ah poeta dulcísimo!

No olvides
esa parte
del poema.
El castigo
es morir por la espalda
degollado
por el segundo filo.


Si todo vuelve a comenzar

Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable,
hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido,
yo se muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado,
entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Un hombre solo
una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo
no son nada,
pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres,
tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos,
entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino,
nunca digas no puedo más y aquí me quedo,
la vida es bella
tú verás como a pesar de los pesares
tendrás amor
tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es será todo tu patrimonio,
perdóname no sé decirte nada más,
pero tú comprende que yo aún estoy en el camino,
y siempre siempre acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Llega el litio

Mucha tristeza nunca le humilló
pero temía el hondo pozo oscuro
que él envolvió en sus aguas cenagosas.

Mucho haloperidol; pinchazos de antabús
probó electroterapia varias veces
y salió disparado hacia una vida
que ahora ya no recuerda: quince años
hasta que llegó el litio: quince años
perjudicando a todos los que amaba
pues gastó su dinero y el ajeno
en alcohol, en viajes y en delirios.

Pero el litio llegó y está en su sangre
y ahora es su compañero de por vida
hasta la oscuridad o la luz total.

Estrictamente personal

El dolor o el cansancio traen a veces
un desmedrado desfallecimiento
unas ganas terribles de olvidar
todo lo que no sea intransferible
-personal como dicen- pero luego
no se distingue ya lo que es de uno
y el egoísmo llega a ser total
a invadir el dominio de otra gente.
Y hoy padezco por algo que no es mío
por lo que ocurrirá con una chica
que no me pertenece: que tan sólo
camina y lee; se equivoca y riñe
casi todos los días en su casa.
No: no es posible dijo; pero sé
que aún guarda mi retrato y que ahora entiende
mis palabras; que hace años la llevaron
a extrañas situaciones. Y me mira
desde un sillón distante sin decirme
qué será de su vida. De la mía
ya sé que nada bueno. Y como esto
mucho tiene que ver con mi neurosis
termino aquí el asunto y a la calle;
me bebo un buen café y a la puñeta.

Encuentro

Alegría yo te
he buscado y buscado
por todos los lugares
por todos los caminos
que andaba y desandaba.
Alguna vez oí
tus pasos en el bosque
otra vez escuché
tu risa pero nunca
te tuve entre los brazos
para poder hablarte
para decirte que
mi vida iba cayendo
como una gota de agua
que hacía frío y
que te he esperado siempre
roto y amante como
me ves como me tienes
contra tu pecho amiga.

martes, 29 de mayo de 2007

Alejandra Pizarnik: poesía y suicidio

Alejandra Pizarnik (1936-1972)

Siempre me ha sorprendido y me ha hecho reflexionar el número tan elevado de poetas que han acabado sucidándose. Nadie duda de que la Poesía es sinónimo de trascendencia, el lugar donde los grandes temas de la Humanidad se van tejiendo y se nos muestran: la vida, el amor, la pérdida, la celebración. Pero a veces parece que la Poesía es un territorio habitado tan sólo por la muerte. La obsesión de la propia muerte en muchos poetas.

He encontrado en internet estudios psiquiátricos que hacen alusión a este tema "poesía y suicidio" y aportan conclusiones como el del estudio siguiente:

(de http://www.psiquiatria.com/articulos/psiqsocial/20258/)

"Resumen

Precedentes: La frecuencia de intentos de suicidio o suicidio consumado entre los poetas es muy elevada. Se han aducido diversas explicaciones para ello, como la alta incidencia de depresión, la gran frecuencia de rasgos anómalos de personalidad, la concurrencia de consumo de sustancias, el estilo de vida “bohemio”, o los efectos de la propia poesía sobre el estado anímico de los poetas.

Metodología: Para analizar el tema se revisan las biografías y producciones artísticas de 67 poetas que murieron por suicidio, y se analizan los métodos empleados, así como las referencias propias o de otros autores anunciando o describiendo su próximo suicidio, así como las relaciones con variables demográficas y climáticas.

Resultados: Los métodos de suicidio más utilizados con la intoxicación por sustancias y las armas de fuego, aunque en conjunto los métodos traumáticos superan a los tóxicos. La época del año predominante es otoño-invierno. Las referencias en su obra a la muerte y el suicidio son constantes, y casi siempre próximas a la fecha del suicidio, anunciándolo en muchas ocasiones. Más del 50 % tenían antecedentes psiquiátricos o estaban e
n tratamiento. En la mayoría es posible encontrar indicios sugestivos de trastornos de personalidad.

Conclusiones: El riesgo de morir por suicidio en los poetas es muy elevado; los problemas de personalidad, la comorbilidad psiquiátrica, la dedicación “obsesiva” a la poesía y la época invernal, son factores asociados con dicho riesgo."

Da un poco de miedo la conclusión que aporta: "el riesgo de morir por sucidio en los poetas es muy elevado."
Inquieta, ¿verdad?
Pero la poesía no deja de ser una respuesta, una forma de sublimar el sufrimiento, una forma de terapia. Y la poesía, a pesar de lo terrible de la pérdida, del deseo incumplido, del dolor, de la tristeza... no te deja indif
erente.
Este tema de "poesía y suicidio" me anima a conocer quiénes fueron los poetas suicidados, los que cuento también entre "mis poetas" y a publicarlos en este blog.

Hoy quiero hablar de Alejandra Pizarnik. Poeta argentina que murió a la edad de 36 años. Tal vez la elección de Alejandra para inaugurar esta lista responde a una coincidencia, la de su fecha de nacimiento, que como el mío ocurrió un 29 de abril.

Dice su biografía:

Flora Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda, un inquieto suburbio de Buenos Aires, el 29 de abril de 1936. Allí quedaron los juegos infantiles de Buma, Flora en idish, como la llamaban sus padres. Era la segunda hija de un matrimonio ruso de ascendencia judía. Allí quedó también su paso por la Escuela Normal Mixta, donde todavía hoy resuenan sus rebeldías y complejos de adolescente. El desarraigo de Pizarnik, provocado por esta falta especial de raíces nacionales y locales, se relaciona con el sentimiento de exilio que recorre sus poemas y que no la abandonó jamás.

En 1954 concluye los estudios secundarios y comienza un periodo de titubeo académico. Ese mismo año ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Comienza también a estudiar pintura, con Juan Battle Planas, quien contribuyó a la evolución de sus conceptos sobre poesía, y a su modo tratar la distribución del texto sobre la página en blanco, como una forma, un dibujo.
Es su padre quien costea su primer libro, La última inocencia (1956), e incluso llega a abonar los honorarios del psicoanalista que intentará poner en orden el desván sentimental de Alejandra. De hecho, ni la pintura ni la poesía bastan como terapia, y ella experimenta el breve y peligroso fenómeno psicodélico de las anfetaminas. También cura el dolor con analgésicos y frecuenta los somníferos para escapar de la vigilia nocturna.
Por entonces ya está muy relacionada con poetas contemporáneos suyos como Rubén Vela y Clara Silva.

En 1958 publica Las aventuras perdidas, que lleva una ilustración de Paul Klee, quien fue con Hyeronimus Bosch su pintor favorito.
Por esta época inicia su amistad con Olga Orozco, que durará hasta su muerte. A ella dedica su poema “Tiempo” del mismo libro. Otro poema, “Exilio”, está dedicado al poeta Raúl Gustavo Aguirre. En este libro ya aparece explícitamente una temática que desarrollará más tarde hasta la exasperación: la noche como realización y la luz como negación de vida.

Su mundo es generalmente amargo. Una vida definida como un dolor vehemente, una absoluta desesperación. Para Olga Orozco, su pesimismo de esos años tiene que ver con sus fracasos amorosos, y la muerte del poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, por quien sintió un enamoramiento profundo.
Termina así una primera etapa de aprendizaje y se cierra un ciclo. Comienza su segunda etapa —la etapa de París— que dura cuatro años, de 1960 a 1964, y que la lanza a un escenario internacional, a nuevas perspectivas y a una maduración personal, que hará que pertenezcan a esta época la mayor parte de sus poemas antológicos. Es en París donde conoce a Octavio Paz y a Julio Cortázar, amistades que continúa hasta su muerte. En esta ciudad desarrolla una actividad múltiple: es redactora de la revista "Cuadernos", pertenece al comité de colaboradores extranjeros de Les Lettres Nouvelles, y conoce a escritores de la importancia de Yves Bonnefoy, André Pieyre de Mandiargues y Henri Michaux. Su pasión por París durará hasta su muerte.

En el año 1965 regresa a Buenos Aires y aparece un nuevo libro, Los trabajos y las noches. Con esta obra obtiene el Primer Premio Municipal. Corresponde a su época de plenitud, y son poemas escritos, en su mayoría, en París. Tanto en Árbol de Diana como en Los trabajos y las noches hay poemas de esperanza, de certeza. El libro está recorrido por una luminosidad que no volverá a lograr nunca más.

En Los trabajos y las noches también hay desesperanza; son poemas de gran intensidad, y de gran rigor. Con este libro obtiene el premio Fondo Nacional de las Artes, y el Primer Premio de la Municipalidad de Buenos Aires. Es el inicio de sus obsesiones y delirios, pero no se harán evidentes hasta la última etapa de su obra.
Sus tendencias obsesivas se agudizan hacia el final de su vida. Sobreviene una etapa de marcada melancolía, y la sombra de la locura desquició sus últimos años. Aparecen entonces sus libros: Extracción de la piedra de locura (1968), y El infierno musical (1971). Ya todas, o casi todas las imágenes de estos libros son de desgarramiento y de alienación. Es un período de intensa depresión. En El infierno musical ya hay imágenes de principio de locura y aparece explícita la idea del suicidio: “triste como sí misma / hermosa como el suicidio” El suicidio está descrito en su obra con placer, como si el suicidio —el no ser— fuese un triunfo.

Termina sus días viviendo en un mundo de tinieblas: Rechazaba la luz, y vivía de noche. Sale del hospital, después de una estancia de cinco meses en Enero de 1972, y en una carta a Juan Liscano se advierte su desequilibrio: “En Buenos Aires no aceptan que una poeta tan pura tenga necesidades. Oh, que se vayan a la mierda”.
Alejandra Pizarnik se libera, en su poesía y su vida, cuando elige el suicidio como salida de elección.

Enrique Molina, que tanto y tan bien la conocía, escribió sobre ella que “no tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar”.
Su vida termina en un abandonarse inerte y regresivo. La mañana del 25 de septiembre de 1972, una dosis intencional de barbitúricos le tranquilizó el espíritu para siempre. Tenía 36 años.
Alejandra, la poeta de la palabra desgarrada. La niña grande que pintó lilas y fragmentos. Alejandra y su eterna soledad, la soledad como un barco a la deriva.

Falta tan sólo conocer su obra.

La contemplación, la entrega, la tristeza, la duda, la derrota, el desamor... flotan en los versos de Alejandra Pizarnik. Su poesía, que roza el surrealismo, marcó a las posteriores generaciones poéticas de su país. Pizarnik trabajó las tradiciones romántica, simbolista y surrealista, poniendo en escena lo desgarrador del silencio creativo

Os invito a leerla y a conocerla un poco más. Os dejo aquí alguno de su poemas:

AMANTES

una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.

QUIEN ALUMBRA

Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.


HIJA DEL VIENTO

Han venido
invaden la sangre,
huelen a plumas,
la carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma.

Porque no hay nadie.
Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.


EXILIO

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre.
Ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

LA NOCHE

Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte,
tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser.

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Para conocer más sobre ella, podéis leer el artículo:

Alejandra Pizarnik: textos de locura y suicidio