martes, 11 de agosto de 2009
Poemas y correspondencias: "El mar o el viento..." Pablo Neruda y Rafael Alberti
Pablo Neruda escribió "Los versos del capitán" en la isla de Capri en 1952, lejos de Chile, exiliado pero acompañado de su amor Matilde Urrutia a la que dedica este libro. Amor secreto, este de Neruda mientras su mujer, Delia del Carril, permanecía en Chile.
Si os interesa esta etapa de la vida de Neruda os invito a conocer un poco más sobre la historia del libro leyendo el artículo de Omar Pérez "Pablo Neruda: 50 años de los versos del capitán". Os aseguró que os va a gustar. Pinchad aquí para leerlo.
Es seguro que Neruda ya había leído el libro de Alberti, "Marinero en tierra", publicado en 1925. Neruda y Alberti coincidieron en Madrid y compartió Neruda poesía y amistad con parte de la Generación del 27 mientras vivió en Madrid, en la "Casa de las Flores", en la calle Gaztambide.
En esta entrada de la sección de "Poemas y correspondencias" de mi blog he traido a Alberti y a Neruda porque hay dos poemas que se enlazan, se corresponden. El mar en Alberti, el viento de la isla en Neruda. Ambos están llamando a los poetas.
El mar en Alberti es nostalgia y reproche a su padre: "la marejada me tira del corazón" y en Neruda "el viento quiere llevarle lejos" y le pide a la amada refugio.
Dos elementos de la Naturaleza que son símbolo de la nostalgia, del recuerdo de la tierra lejana que los vio nacer.
Dos poetas hermanos cuyas biografías son casi paralelas.
Os dejo los dos poemas aquí para que los disfruteis.
RAFAEL ALBERTI
Marinero en tierra.
Biblioteca Nueva, 1925 (Premio Nacional de Literatura).
1.
El mar. La mar.
El mar. ¡Solo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?
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PABLO NERUDA
Los versos del capitán.
Imprenta L'Arte Tipografica, Napoli, 1952, 184 pp.
EL VIENTO EN LA ISLA
El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.
Escucha cómo el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.
jueves, 21 de mayo de 2009
Poemas y correspondencias: Joan Margarit y Ángel González
Leo fascinado el último libro del poeta Joan Margarit (Lleida, 1938) y me encuentro con us poema "Raquel" y me hace recordar el poema de Ángel González (Oviedo, 1925 - Madrid, 2008)"A veces un cuerpo puede modificar un nombre".
Pienso que son dos poemas de amor escritos cuando los poetas han alcanzado la edad madura. Un poema de amor que habla de las palabras y lo que nombran.
Estoy de acuerdo, como dice el poema de Ángel González, "¿Qué sería tu nombre sin ti?"
Cobra sentido el nombre por lo nombrado, el nombre de la mujer amada.
Disfrutad de esta correspondencia.
1. Ángel González:
De "Otoños y otras luces" (2001)
A veces un cuerpo puede modificar un nombre
A veces, las palabras se posan sobre las cosas como una
mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos.
Sin embargo, cuando pienso tu nombre, eres tú quien le da
a la palabra color, aroma, vida.
¿Qué sería tu nombre sin ti?
Igual que la palabra rosa sin la rosa:
un ruido incomprensible, torpe, hueco.
2. Joan Margarit
De "Misteriosamente feliz" (2009)
RAQUEL
Un nombre para ti:
el nombre que acaricia
a una mujer desnuda
y la acerca a mis labios.
Un nombre para ti,
para ver en tus ojos
la terraza regándose,
la hiedra envenenada
por la luz de la luna.
Un nombre para ti,
severa como hiedra,
que acusaste al poema
de cruel,. cuando tan sólo
deseaba piedad.
Un nombre para ti.
Una palabra de aire
sobre un campo de flores.
martes, 23 de diciembre de 2008
El mito de Selene y Endimión (y un poema-correspondencia de Ángel González)
Se trata de Selene y Endimión.
Recojo su historia de la web http://sobreleyendas.com/2008/06/11/el-mito-de-selene-y-endimion/ a la que agradezco su claridad.
En la mitología griega, Selene era la diosa de la luna, hermana de Helios, el sol, y de Eos, la aurora. Selene fue protagonista de muchas historias de amor, pero su romance con Endimión fue el más profundo y su más bonita leyenda de amor.
Endimión, también de origen divino y nieto de Zeus, era un pastor de Caria. Había ocupado el trono de Elida, pero luego de ser destronaron, busco refugió en el monte Larmos y se dedicó a al campo y a los astros, enamorándose de la luna, la única compañía además de su soledad.
Todas las noches, después de realizar sus tareas diarias, dormía profundamente dentro de la cueva que le servía de morada. Pero si el tiempo era bueno, se tumbaba desnudo junto a la puerta de la cueva a dormir al aire libre. Endimión contemplaba a Selene y su corazón se nutría de un amor silencioso, hasta caer dormido.
Selene no sabía nada del gran amor que había inspirado en el pastor, pero una noche bajó a la tierra, le vio dormido y desnudo y le amó. Desde entonces le visitó todas las noches, le encontró siempre dormido, y se recostó junto a él sin despertarle. Así, dormido él y ella despierta, se amaron por mucho tiempo.
La diosa ignoraba la fascinación del pastor hacia ella, y él tampoco sabía que durante sus sueños se volvía objeto de amor de la diosa. Hasta que una noche Endimión despertó en pleno amor y se enteró de que era el amante de la diosa. Ambos se confesaron su amor secreto y la felicidad los envolvió. Pero entonces entró un temor en él, ya que había pasado el tiempo y su cuerpo comenzaba a marchitarse. Le pidió a Selene que le concediera juventud eterna con su poder divino. Ella recurrió a Zeus y éste decidió que Endimión no sufriría el paso del tiempo mientras estuviese dormido; sólo envejecería durante la vigilia.
Endimión le hizo prometer a Selene que lo acompañase siempre con él durmiera. De ese modo, él no envejecería y siempre que se despertaría feliz. Pero entonces, cuando estuviese despierto, ella no estaría.
De este amor nacieron cincuenta hijas, y en varias versiones también, hijo de Selene y de Endimión fue Naxo, el héroe de la isla de Naxos.
El mito hace
creer que Selene y Endimión continúan amándose en silencio en algún rincón remoto de la tierra.
Triste amor.
Me recuerda un poema de Ángel González (¿pensaría el poeta en Selene y Endimión?) que aquí os copio. Buen texto para ejemplificar el mito:
Canción de invierno y de verano
Cuando es invierno en el Mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el
puerto de Bremen con jirones de niebla y de hielo
en sus cabos,
mientras los balandros soleados arrastran por la super-
ficie del Pacífico Sur bellas bañistas.
Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.
Porque cuando es de día en el Mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz—
es de noche en Valparaíso
—rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.
Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba —detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.
Pero jamás en el mismo día.
lunes, 27 de octubre de 2008
Poemas y Correspondencias: Machado, Ángel González, Joan Margarit. Luis García Montero
Es indudable la influencia que el poeta Antonio Machado (1875-1939) ha tenido en los poetas españoles posteriores. A menudo hemos imaginado sus lectores cómo hubiera sido el poema que Machado habría podido escribir con el último verso que escribió y que se encontró en su cartera después de morir en 1939 huyendo de la Guerra Civil española, en el exilio francés de Colliure.
Un verso alejandrino que recuerda su niñez y que dice:
Estos días azules y este sol de la infancia.
Eso mismo debieron pensar poetas como Joan Margarit (1938) y Luis García Montero (1958). Pero ellos hicieron algo más, a partir de ese verso escribieron su propio poema. Aquí os los dejo. Los dos magníficos. Estaréis de acuerdo conmigo, seguro.
TIO LUIS
Joan Margarit
Estos días azules y este sol de la infancia.
(Último verso escrito por Antonio Machado en Colliure)
En el fango del Ebro, el heroísmo.
Pero también contaba, aun para los vencidos
-y ya con pobres ropas de civil-
tener aquellos ojos, morenazo,
chulo de barrio de sonrisa fácil.
Desterrado, lo meten en un tren.
En las largas paradas de la noche,
sentado entre fusiles,
siente cómo la guerra es una fiera enorme
que en sus garras le lleva hasta Bilbao,
sin equipaje y nada en los bolsillos.
Así lo dejan solo en el andén.
Cansado por el viaje y la derrota,
se lava en una fuente: del fondo de sus ojos
surgen de nuevo su épica y las armas
de antaño, viejas armas de los bailes
de domingo en los patios de Montjuïc.
Va a calles de fulanas y tugurios.
Junto a ella percibe su perfume
barato y la mirada de unos ojos
donde el rimmel ha puesto
negras banderas de anarquistas muertos.
Uñas de un rojo sucio
son banderas que el Ebro iba arrastrando.
Y yo estoy orgulloso de escribir
como en sus buenos tiempos hizo la poesía,
los versos de una puta que salvó
a un hombre y a ella misma por amor.
Esto pasaba al acabar la guerra.
Y transcurrían para mí entretanto
estos días azules y este sol de la infancia.
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COLLIURE
Luis García Montero
Un rincón en el mundo
detrás de una frontera,
o detrás de los años o los amaneceres
con la esquina doblada
como la página de un libro,
o detrás de las curvas de una guerra.
Se conmueve el camino a la orilla del mar.
Parece un látigo en el aire
de febrero lluvioso.
Cuando baja del coche,
Ángel González duda,
pone sus pies heridos en la historia
y sube muy despacio,
entre muros franceses
y casas repintadas
con el azul de los veranos,
hasta llegar al cementerio.
Lo que nos trae aquí
no es el sol de la infancia.
Los lugares sagrados nos permiten vivir
una historia de todos en primera persona.
Las flores de la tumba de Machado
imitan el color de una bandera
sagrada por manadato
de mi melancolía.
Aquello que perdimos una vez,
y el frío de las manos, la palabra en el tiempo,
el dolor de las vidas que se cortan
en el cristal de los destinos rotos,
descansa hoy, casi desnudo,
en una tumba de poeta.
¿Cuándo llegamos a Sevilla?,
preguntaba su madre al entrar en Colliure.
Qué difícil la suerte
de los pueblos que viven protegidos
por la misericordia de un poema.
Qué difícil la última
soledad de Machado.
La luna llega al mar,
el mar llega a Sevilla,
nosotros a un recuerdo
y a esta pálida,
desarmada emoción
de compartir una derrota.
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Y un regalo más. El poema que Ángel González (1922-2008) escribió, como lo hizo García Montero en su visita junto a éste a la tumba de Machado en Colliure. Otra correspondecia que merece la pena.
CAMPOSANTO EN COLLIOURE
Ángel González
Aquí paz,
y después gloria.
Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco's Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:
paz
y después gloria.
Dramático destino,
triste suerte
morir aquí
—paz
y después...—
perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.
Sí; después gloria.
Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
manos de obra barata, ejército
vencido por el hambre
—paz...—,
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
—...sin gloria.
Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.
¿Qué precio es el peor?
Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz
—«Casino
de Canet: spanish gipsy dancers»,
rumor de trenes, hojas...—,
ante la gloria ésta
—...de reseco laurel—
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.
Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.
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viernes, 10 de octubre de 2008
Poemas y correspondencias: "Si tú me olvidas..." Pablo Neruda y Ángel González


"Si tú me olvidas..."
Pablo Neruda - Ángel González
Por eso es sencillo encontrar que distintos autores han hablado de lo mismo y cada uno tiene su propio punto de vista y la distinta emoción al tratar el tema.
Hay dos poemas que quiero dejar aquí como ejemplo de esas correspondencias.
Probablemente Ángel González conocía el poema de Neruda que pertenece a su libro "Los versos del Capitán" (1952), pero desconozco si sucedió lo contrario, que Neruda leyera o conociera el poema del español Ángel González, pero pudiera ser, teniendo en cuenta que el poema de Ángel González se publicó en 1956, cuatro años después, en su primer libro "Áspero Mundo". Son dos poemas casi contemporáneos.
Los dos plantean el tema del amor/desamor. Los dos hablan a la amada y dicen qué ocurrirá "si tú me olvidas". Los dos poemas me gustan, las dos respuestas son válidas.
Inicio esta serie de entradas en mi blog que llamaré "Poemas y correspondencias" con estos dos poemas.
Disfrutadlos.
Es difícil elegir con cuál quedarse si podemos quedarnos con ambos.
Grandes poetas los dos, sin duda.
1.
SI TÚ ME OLVIDAS
Pablo Neruda
QUIERO que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.
Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.
(De "Los versos del Capitán". 1952)
2.
MUERTE EN EL OLVIDO
Ángel González
Yo sé que existo porque tú me inaginas.
Soy alto porque tú me crees alto
Y limpio porque tú me miras con buenos ojos,
Con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace inteligente,
Y en tu sencilla ternura
Yo también soy sencillo y bondadoso.
Pero si tú me olvidas, quedaré muerto
Sin que nadie lo sepa.
Verán viva mi carne, pero será otro hombre
Oscuro, torpe, malo el que la habita.
(De "Áspero Mundo". 1956)
viernes, 2 de febrero de 2007
Eros y Thanatos: Amor más allá de la muerte

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