Mostrando entradas con la etiqueta Poesía_Naufragio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía_Naufragio. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2009

Poesía y Naufragio (III): Jesús Aparicio González


El poeta y amigo, Jesús Aparicio González tenía que estar por derecho propio entre mis poetas y especialmente mencionado en esta sección que he llamado "Poesía y Naufragio". Su último libro, editado por Ediciones Vitruvio en 2008 lleva por título "Las cuartillas de un náufrago" y es puro ejemplo de la visión lúcida del poeta naufragado que traigo a estas páginas de mi blog.

Jesús Aparicio nació en Brihuega (Guadalajara-España) en 1961. Tiene 8 libros de poemas publicados. Poemas como pasos (1981) Sendas del corazón (1988) Como trago de agua fresca (1991) Las caras del espejo (1996) La casa del siervo (1999) Con distinta agua (2003) El sueño del león (2005) y el que he mencionado Las cuartillas de un náufrago (Ediciones Vitruvio) (2008).

En este poemario último de Jesús Aparicio, los poemas divididos en dos "carpetas", se suceden como hojas de un calendario, como diario de la lucidez del que conoce el naufragio, escritos desde la certeza de quien ha arribado a la orilla y sabe de la necesidad de vivir, de superar el dolor, pero también sabe que no hay que olvidar de dónde hemos venido y su sufrimiento.

Os recomiendo vivamente la lectura de este libro.

He escogido un poema que ejemplifica la conciencia de la luz que Jesús Aparicio busca en sus poemas. "La palabra que ilumine esencia y ser", tal como dice en otro de sus poemas.



EN LA PLAYA

Para llenar mi tiempo han buscado mis ojos
el sueño de una playa. He gozado del agua
sobre mi piel desnuda y lamido la sal
sobre la piel amiga. Levantado castillos.
Luchado con las olas. Y me he dormido solo
al ocultarse el sol, bajo estrellas sin nombre.
La vida es breve. Un instante de arena.
Un instante de mar.

(2 de agosto de 2005)



Os animo a leer más cosas de Jesús Aparicio en su propio blog, las cuartillas de un náufrago, o en otras webs como:

http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com
http://www.catedramdelibes.com/

jueves, 16 de julio de 2009

Poesía y Naufragio (II): Miguel Hernández "El rayo que no cesa"

Poesía y Naufragio (II):
Miguel Hernández "El rayo que no cesa"


Quiero continuar esta serie de Poesía y Naufragio que inicié con Pablo Neruda con un poeta imprescindible: Miguel Hernández (1910-1942).

Un hombre cuya poesía telúrica e intensa se escribe con referencias de tierra y paisaje. Pero en este poema que he elegido, el poeta acude a la imagen del naufragio para hablar del dolor y acude a la tabla del amor para salvarse.

De su segundo libro, El rayo que no cesa (1936), un libro que habla del dolor, del desamor y de la muerte recojo el soneto número 10. Un soneto redondo, con imágenes tan rotundas como esa "noche oscura de sartenes/redondas, pobres, tristes y morenas"




De "El rayo que no cesa" (1936).

Soneto nº 10.





Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.


Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

jueves, 25 de junio de 2009

Poesía y Naufragio (I): Pablo Neruda "La canción desesperada"


Poesía y Naufragio (I):
"La canción desesperada". Pablo Neruda



Con esta entrada pretendo abrir una serie nueva que recogerá poemas de naufragio. El naufragio es un tema antiguo, símbolo de la pérdida.

No puedo dejar de empezar esta serie si no es con Pablo Neruda (1904-1973). Su poema "La canción desesperada" de su libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) es un gran ejemplo.
Poema lleno de imágenes tan visuales como ese "Abandonado como los muelles en el alba".

Aquí os dejo este primer poema de naufragios. Vendrán más.

LA CANCIÓN DESESPERADA

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!.

Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé como pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

Es la hora de partir. Oh abandonado!

Y una cosa más, la versión que del poema hizo el cantante español Paco Ibáñez.
Disfrutadla.