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lunes, 3 de agosto de 2015

La Victoria de Samotracia, un alcornoque y la mirada del poeta


La Victoria de Samotracia y un alcornoque en Valencia de Alcántara (Cáceres, España)

Sucede que el poeta camina con ojos bien abiertos y de pronto su mirada curiosa cree ver la figura de una escultura del periodo helenístico del 190 a.C., en la silueta orgullosa de un alcornoque que, como la escultura, mantiene, perdidas su copa y sus ramas, su tronco erguido y sus alas abiertas. Es la Victoria de Samotracia, es la Poesía también, que puede estar en todas partes.

La mirada del poeta imagina el viejo alcornoque como un mascarón de proa, como se mantiene erguida la Victoria de Samotracia sobra la proa de un navío de mármol.

Hay poesía en lo incompleto, en lo que la mirada imagina, en lo que fuimos.

El poeta imagina en este alcornoque, -mediterráneo como la Victoria de Samotracia- la escultura incompleta del Louvre.

Dejo aquí las dos imágenes: quizá sean imaginaciones del poeta... pero debéis saber que hay un viejo alcornoque altivo en Valencia de Alcántara, en la sierra de San Pedro, que acompaña desde hace tiempo a un dolmen, el Zafra III. Dolmen que forma parte de una de las rutas de dólmenes de la localidad (la ruta de las Zafras).

(Pinchad aquí para descargar información de la ruta de los dólmenes de Valencia de Alcántara)




Y si hablé de los dólmenes no me olvido de nuestra Victoria de Samotracia.

Os dejo un curioso artículo que publicó en 2014 la revista XLSemanal sobre la crónica de su descubrimiento y su restauración reciente en el Louvre.

Recordad que debéis caminar con ojos bien abiertos, a veces un árbol no es tan sólo un árbol.



La "Victoria de Samotracia": El enigma de la dama alada


 Anne-Cécile Beaudoin - XL Semanal
Es, junto con la 'Gioconda' y la 'Venus de Milo', la gran estrella del Museo del Louvre de París. Llegó aquí hace 150 años, sin cabeza y con cientos de fragmentos sueltos. Los restauradores han encajado, por fin, muchos de esos pedazos. La gran dama alada griega se muestra más completa -y espléndida- que nunca.



No es una piedra lo que aflora en la falda de la colina, sino un hombro. El cuerpo está medio enterrado. «¡Señor, hemos encontrado a una mujer!», gritan los operarios. El joven vicecónsul francés Charles Champoiseau sonríe. Los campesinos le habían informado bien: la diminuta isla griega de Samotracia está llena de tesoros. Unos pasos más allá, el propio Champoiseau descubre un fragmento de dos metros: el tronco de la mujer, cubierto por un manto. La bella debía de tener alas, como parecen atestiguar la multitud de fragmentos de plumas que recoge aquí y allá. Busca la cabeza, los brazos. En vano. De esta dama solo queda un cadáver desmembrado cubierto de polvo. La fecha: 15 de abril de 1863. A sus 32 años, Champoiseau acaba de exhumar una de las criaturas más extraordinarias de la Antigüedad. Esculpida en mármol blanco, data de unos 190 años antes de Cristo.
Antaño, al pie de esa misma montaña había un santuario consagrado a los grandes dioses. Se trataba de una religión al margen del culto oficial a las divinidades del Olimpo. Participar en los ritos de Samotracia otorgaba la protección de la Gran Madre, reina de las montañas. Aunque al final de la Antigüedad el lugar quedó abandonado, la leyenda de que la isla escondía maravillosos tesoros sobrevivió. Y su eco, siglos después, llegó a oídos de Charles Champoiseau, que se decidió a investigar por su cuenta.
El primer viaje a la isla no le defrauda. El 15 de septiembre de 1862, Champoiseau solicita un préstamo de dos mil francos para hacer prospecciones. En su carta dice: «Por todas partes hay centenares de columnas quebradas, fustes y capiteles de mármol que indican que los templos cubrían aquel lugar. Los campesinos han desenterrado sepulturas, sarcófagos de piedra y cerámicas. No hay duda de que unas excavaciones serias llevarían al descubrimiento de objetos raros y de gran valor». El emperador Napoleón III le concede el dinero.
Champoiseau regresa en marzoa Samotracia. Y su recompensa llega con la primavera. El 15 de abril de 1863, en una carta dirigida al embajador de Francia en Constantinopla le anuncia: «He encontrado una estatua de la Victoria alada esculpida en mármol y de proporciones colosales.Desgraciadamente, no he encontrado ni la cabeza ni los brazos [...]. Pero el resto está casi intacto y ha sido labrado con un arte que ninguna de las obras griegas que conozco iguala».
Champoiseau decide enviar su hallazgo al Louvre. Llega en 1864. Allí, con una barra metálica, los técnicos aseguran el aplomo de la figura. Varios fragmentos rotos son encajados de nuevo, pero el busto -demasiado inestable- no se puede unir y se archiva con el ala izquierda.Años después, en 1875, arqueólogos austriacos realizan nuevas excavaciones en Samotracia. Allí descubren grandes bloques grises que, correctamente ensamblados, representan la proa de un barco de guerra. Se trata de una pista capital: rápidamente asocian ese descubrimiento con las monedas helenísticas en las que aparece grabada una Victoria de pie sobre la proa de un barco. No hay duda. Estos bloques son la base de la estatua. El conjunto de la obra debía de medir unos cinco metros de alto. Cuando Champoiseau recibe la noticia, despliega todos sus esfuerzos para que los 23 bloques descubiertos sean llevados a París.
Muchos fragmentos de la escultura, demasiado estropeados, nunca han podido ser encajados en la estatua. Como la enorme mano, descubierta en Samotracia en 1950. Otros fragmentos han encontrado, sin embargo, este año su lugar gracias a la restauración. Por ejemplo, una pluma.¿Qué artista pudo desplegar tanto ingenio para inmortalizar esa belleza? El misterio continúa. «No se trataba de un escultor ordinario, sino de un maestro al que le gustaba desafiar las leyes de la gravedad -explica Marianne Hasmiaux, una de las comisarias de la restauración-. Poseía unos conocimientos excepcionales en física de materiales para captar en piedra el breve momento en que la vestimenta movida por el viento se mantiene todavía pegada al cuerpo».Una vez recompuesta, la Victoria de Samotracia ha reencontrado su sitio en lo alto de la escalera Daru con toda su majestad. Qué importa si su cara no aparece nunca. Como dijo Cézanne: «Se trata de una idea, de todo un pueblo, de un momento heroico en la vida de un pueblo, el tejido se pega, las alas baten, los senos se inflaman. No necesito ver la cabeza para imaginar su mirada».
-Camino del taller
El 10 de septiembre de 2013, los operarios elevaron la Victoria para llevarla al taller bajo la mirada de los comisarios de la restauración (abajo a la izquierda): Jean-Luc Martinez, presidente del Louvre, y Ludovic Laugire, investigador del Departamento de Antigüedades Griegas, Etruscas y Romanas.
-Delicadeza
Una de las restauradoras limpia la superficie con papel japonés empapado en una ligera solución de carbonato de sodio.
-Todo, a mano
Los especialistas han recolocado en su lugar 13 fragmentos de los 30 conservados en el museo.
-El ángel azul
Los análisis han sacado a la luz trazas de azul egipcio. La parte baja del manto debía de tener un reborde de ese color.
-Mármol gris
La estatua alada se asienta sobre 23 bloques de mármol que representan un barco de guerra. El conjunto debía medir unos cinco metros de alto.
-La ligereza del viento
Tras la restauración, el mármol ha vuelto a reflejar la palidez y la sutileza de los drapeados del manto. Un cordoncillo sujeta la túnica bajo el pecho.
-Puzle heleno
Uno de los expertos en el momento de recolocar una pluma que le faltaba a su ala izquierda.
Él lo hizo
El arqueólogo francés Charles Champoiseau, fue el descubridor de la obra, en 1863, en la isla de Samotracia.

jueves, 29 de enero de 2015

Etimología: Homenaje, Investidura, Espaldarazo.

Homenaje, Investidura, Espaldarazo

Hay palabras que usamos cotidianamente que no reparamos en su origen. Si, como yo, te mueve esa curiosidad e investigas de dónde vienen esas voces te pueden llevar a tiempos medievales en los que su significado tenían que ver con ciertas ceremonias feudales. Es el caso de tres palabras que quiero traer hoy a mi blog: homenaje, investidura y espaldarazo.

Lo primero, como siempre hago, es acudir al diccionario de la RAE:
homenaje.

(Del prov. homenatge).

1. m. Acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo.
2. m. Sumisión, veneración, respeto hacia alguien o de algo.
3. m. Juramento solemne de fidelidad hecho a un rey o señor. 

investidura.

1. f. Acción y efecto de investir.

2. f. Carácter que se adquiere con la toma de posesión de ciertos cargos o dignidades. 
espaldarazo.

1. m. Reconocimiento de la competencia o habilidad suficientes a que ha llegado alguien en una profesión o actividad.

2. m. Admisión de alguien como igual en un grupo o profesión.
3. m. Golpe dado de plano con la espada en la espalda para armar caballero. 



Tres palabras que utilizamos habitualmente y que actualmente designan actos sociales en los que una persona o institución, en un acto público, realiza sobre otra persona un reconocimiento o apoyo para una tarea determinada. 

Tres palabras que tienen, como decía, su origen en tres ceremonias feudales.

Recojo de la web Historia Universal, la breve descripción que escribe Luis Portillo, y que nos sirve de aclaración y nos diferencia estos tres actos:

Ceremonias en la Edad Media
Eran los pactos que se daban ente los señores feudales y sus vasallos, o feudatarios, como parte de las relaciones vasalláticas, estableciendo así vínculos feudales y de jerarquía. Estos pactos eran de carácter vitalicio y bilateral; actos jurídicos en los cuales las personas que pactaban debían ser libres. Los pactos se celebraban con una ceremonia que se practicaba con la solemnidad de un culto religioso. 
El homenajeEl Homenaje en la edad media fue la ceremonia en la que un vasallo reverenciaba y sumisamente se comprometia a jurar lealtad a su señor feudal, recibiendo a cambio un título simbólico a su nueva posición (investidura). Fue un reconocimiento simbólico para el señor que el vasallo era, literalmente, su hombre.
Tenía un origen bárbaro el noble juraba lealtad a su señor feudal, convirtiéndose en su vasallo, “su hombre”; por el cual debía cumplir con la renta, obligaciones y servicio. Según la condición del vasallo, el juramento lo hacía de pie o de rodillas, se tomaban las manos y a veces hasta se besaban. 
La investiduraConsistía en la entrega simbólica del bien concedido por el señor feudal a su vasallo; es decir, del feudo o beneficio, pero representando en la ceremonia por la entrega de un puñado de tierra, una rama de árbol, etc.
Inicialmente se formalizaba con la entrega de una espada, luego se hacía con la entrega de la tierra y, posteriormente, se hacía con la redacción de un documento de reconocimiento feudal, por medio del cual el vasallo reconocía como señor a su señor feudal.
El elemento real del contrato del vasallo era el bien o feudo y generalmente una señoría rural, concedido por el señor feudal. Desde el siglo IX se admitía que quien se recibía el homenaje de un vasallo tenía que concederle, a cambio, un feudo.
El incumplimiento por parte del vasallo implicaba el despojo de su feudo. Por otra parte si el señor feudal incumplía traía como consecuencia la desnaturalización del vasallo que podía abandonar a su señor y procurarse otro mejor.
El espaldarazoSe vinculaba también con los ritos bárbaros. El señor feudal nombraba caballero a un guerrero, no necesariamente de origen noble, para la defensa militar de sus intereses. Previamente, el guerrero debía haber sido escudero y, antes de eso, paje, esto es servicio a otro caballero; también velaba por sus armas, a la mañana siguiente oía misa y comulgaba, le calzaban la espuela derecha y recibía un golpe en la nuca, de esa forma se daba el espaldarazo.

Tres palabras que, como veis, están relacionadas.

Si queréis sabes más sobre el tema, hay una publicación nada extensa y didáctica en la página web de la UNED que os invito a visitar y que detalla la evolución de EL RITO DE ARMAR CABALLEROS EN LA EDAD MEDIA firmado por José Manuel Rodríguez García.
Me he aclarado muchas cosas. Siempre indagar en la etimología es un regalo para el conocimiento.

martes, 21 de febrero de 2012

"Por do más pecado había". El romance, Historia y leyenda en la invasión musulmana de la Península Ibérica.


Por do más pecado había...
(Imagen: Don Rodrigo en la batalla de Guadalete -Marcelino Unceta-)


He escrito esta entrada porque se me ha ido mezclando la curiosidad primera por la Poesía, con la Historia y finalmente con la Leyenda. Me explico.

¿Quién no escuchó en su infancia el conocido verso del romancero medieval que dice: "Por do más pecado había"?

Buscando su origen me encuentro con que se mezcla la Leyenda y la Historia en el motivo por el que se produjo la invasión musulmana de la Península Ibérica en el año 711.
El que pronunció esa frase fue, arrepentido poco antes de morir, el último rey godo Don Rodrigo. En el siglo VIII los acontecimientos históricos se desencadenaron ya por culpa de una mala combinación: sexo y política (parece cosa de la época actual, pero ya veis, hace trece siglos los designios históricos dependían también de la libido de quien mandaba).

¿Quién era don Rodrigo?

De la web http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rodrigo.htm tomo esta breve biografía suya:


Don Rodrigo

Último rey visigodo de España (?, ? - Guadalete, Cádiz, 711). Era el duque de la Bética (actual Andalucía), aunque sus verdaderos orígenes permanecen envueltos en la leyenda. Al morir el rey Vitiza en el 710, encabezó una revuelta nobiliaria que se oponía a su hijo y sucesor, Ágila II; éste fue apartado del Trono por una asamblea que eligió como rey a Rodrigo. Pero la descomposición del reino visigodo estaba muy avanzada. Además de las tensiones internas entre facciones rivales (pues los hijos de Vitiza siguieron teniendo partidarios), Rodrigo hubo de luchar contra la insumisión de los vascones en el norte de la Península.

Mientras tanto, los árabes del norte de África, bajo el mando de Musa ibn Nusair, aprovecharon las disensiones internas de los godos para penetrar en Hispania con la connivencia del gobernador de Ceuta, el conde vitizano don Julián. Las fuerzas de Rodrigo rechazaron una pequeña expedición árabe que pasó el estrecho de Gibraltar en el 710, capitaneada por Tarif; pero sucumbieron a una segunda mayor, que dirigía Tariq ben Ziyad, en el 711.

El propio rey murió en la batalla de Guadalete (o Wadi Lakka, nombre árabe del río andaluz donde se produjo el encuentro entre las tropas de Rodrigo y de Tariq). Con ella se inició la conquista musulmana de la península Ibérica, a la que apenas pudieron ofrecer resistencia los visigodos, encabezados por Ágila II hasta el año 716.


Claro, esta es la parte de la Historia, pero la Leyenda siempre es más suculenta y nos habla de una tal Florinda, hija del conde don Julián, gobernador de Ceuta...
Leed este breve artículo, suculento, insisto, sobre estos tres personajes. Ya vamos llegando a nuestro versos "por do más pecado había". Paciencia.
Tomo la leyenda de la página web http://www.larevelacion.com/Historia/Articulos/guadalete.html



LA BATALLA DE GUADALETE, cuando el sexo y política son una mala combinación.
Como pudo comprobar don Rodrigo, nuestro último rey godo -a quien tan peligrosa mezcla le costó la corona y la vida, propiciando que Hispania se alejara de su propio espíritu y de los pueblo libres de Occidente, al formar parte durante siglos del imperio islamita extendido desde Lisboa a la India-, como pudo comprobar, decíamos, el sexo y la política son una mala combinación. En fin, que así son los llamados avatares de la Historia.

LA BATALLA DE GUADALETE, cuando sexo y política son una mala combinación. Artículo enviado por Chuca.

En el año 710 muere Vitiza y la mayor parte de los nobles godos reunidos en democrática asamblea eligen como rey a don Rodrigo, duque de la Bética, mientras los partidarios de la línea natural de sucesión apoyan sin éxito al primogénito del fallecido, Ágila, produciéndose una crisis que aviva la comunidad judía, ante el temer de perder los beneficios obtenidos con Vitiza, aprovechada por los vascones para sublevarse.

Don Rodrigo se instala en el palacio de Toledo y un día observa escondido cómo se bañan las hijas de los nobles enviadas según costumbre a la Corte, fijándose en la única que lo hace completamente desnuda. Se trata de Florinda (a quien los árabes apodaron la Cava, que significa la prostituta), hija del conde don Julián, gobernador de Ceuta, una joven de extraordinaria belleza a la que el nuevo rey trata enseguida de hacer suya. Aquí los historiadores se dividen: unos creen que lo consigue bajo promesa luego incumplida de boda, y otros opinan que ante los muchos reparos de Florinda la viola sin más. El romancero lo explica así:
Florinda perdió su flor,
el rey padeció el castigo;
ella dice que hubo fuerza,
él que gusto consentido.
Muza, espada en ristre


En cualquier caso queda deshonrada y para lavar la afrenta don Julián facilita, con la indispensable ayuda logística de los judíos, el paso a la península de las hordas musulmanas al mando de Tariq o Tarif ben Ziyad (de él procede el nombre de Tarifa), que pide refuerzos al moro Muza o Musa ibn Nusayr. Éste los envía y con los anteriormente llegados establecen una cabeza de playa en el lugar bautizado como Gebal Tarif o Monte Tarif, actual Peñón de Gibraltar, e inician un lento ascenso aprovechando la vía romana. Don Rodrigo, ocupado en el noreste reduciendo a los vascones, se dirige en agotadoras jornadas hacia las fuerzas invasoras, encontrándose ambos ejércitos en Guadalete el 19 de julio del 711. Los combates duran varios días y el séptimo algunos nobles que habían medrado con Vitiza, se pasan al enemigo seguidos de sus tropas, entre ellos el obispo Opas y Sisberto, jefes de las alas del ejército hispano, diciendo “Ese hijo de puta ha privado del reino a los hijos de nuestro señor Vitiza y a nosotros del poder. Podemos vengarnos pasando al enemigo.” (Texto literal de las crónicas mozárabes).

La derrota de las escasas huestes de don Rodrigo no tarda en producirse, siendo así justificada por estos versos populares:
Llegaron los sarracenos
y nos molieron a palos,
que Dios ayuda a los malos
cuando son más que los buenos.

Hay quienes afirman que muere en la batalla final, no encontrándose su cadáver, si bien otras versiones sostienen que tras ser vencido cabalga abandonado de todos, sin rumbo, hasta encontrar a un ermitaño. El ex–rey le cuenta sus libidinosas culpas y para purgarlas pide ser enterrado vivo acompañado de víboras. Una vez dentro de la tumba, dice contrito aquello de:

Ya me comen, ya me comen,
por do más pecado había.

(La interpretación queda a gusto del lector. En los colegios de hace años les explicaban a los alumnos que aludía al corazón, lugar donde anidan las pasiones, pero muchos sospecharon que la referencia estaba más abajo).

Don Julián y los demás traidores fueron asesinados por los moros, pues con buen criterio desconfiaban de ellos. De Florinda no volvió a saberse más, si exceptuamos el testimonio de algunos toledanos que aseguraban haber visto su fantasma vagando en el lugar donde por primera vez la viera don Rodrigo.




Florinda, don Julián y el rey don Rodrigo.

No me digáis que no os ha parecido interesante.
La Historia, la Leyenda y por último la Poesía. Porque este suceso de arrepentimiento final del rey lo recogió un romance que aquí os transcribo. Interpretad vosotros esos dos versos que citaba antes

 ya me comen, ya me comen
por do más pecado había...

leyendo el Romance de la muerte del rey don Rodrigo en el que dos nuevos personajes se vuelven fundamentales en este desenlace: un ermitaño y una serpiente.



Después que el rey don Rodrigo  
a España perdido había, 
íbase desesperado  
huyendo de su desdicha; 
solo va el desventurado, 
no quiere otra compañía 
que la del mal de la muerte 
que en su seguimiento iba. 
Métese por las montañas,  
las más espesas que había, 
porque no le hallen los moros  
que en su seguimiento iban. 
Topado ha con un pastor  
que su ganado traía; 
díjole: —«Dime, buen hombre,  
lo que preguntar quería, 
si hay por aquí monasterio  
o gente de clerecía, 
donde pueda descansar,  
que gran fatiga traía—. 
El pastor respondió luego  
que en balde la buscaría, 
porque en todo aquel desierto  
sola una ermita había, 
donde estaba un ermitaño  
que hacía muy santa vida. 
El rey fue alegre de esto,  
por allí acabar su vida. 
Pidió al hombre que le diese  
de comer, si algo tenía; 
que las fuerzas de su cuerpo 
del todo desfallecían. 
El pastor sacó un zurrón,  
que siempre en él pan traía; 
diole de él y de un tasajo  
que acaso allí echado había. 
El pan era muy moreno,  
al rey muy mal le sabía; 
las lágrimas se le salen,  
detener no las podía 
acordándose en su tiempo  
los manjares que comía.
Después que hubo descansado  
por la ermita le pedía; 
el pastor le enseñó luego  
por donde no erraría. 
El rey le dio una cadena  
y un anillo que traía: 
joyas son de gran valor  
que el rey en mucho tenía.
Comenzando a caminar,  
ya cerca el sol se ponía. 
Llegado es a la ermita  
que el pastor dicho le había. 
Encontróse un ermitaño, 
más de cien años tenía, 
él, dando gracias a Dios,  
luego a rezar se metía; 
después que hubo rezado  
para el ermitaño se iba; 
hombre es de autoridad,  
que bien se le parecía. 
Preguntóle el hermitaño  
cómo allí fue su venida; 
el rey, los ojos llorosos,  
aquesto le respondía: 
—El desdichado Rodrigo  
yo soy, que rey ser solía; 
el que por yerro de amor 
tiene su alma perdida, 
por cuyos negros pecados 
toda España es destruida. 
Por Dios te ruego, ermitaño, 
por Dios y santa María, 
que me oigas en confesión 
porque finar me quería—.
El ermitaño se espanta;  
y con lágrima decía: 
—Confesar, confesaréte 
absolverte no podía—. 
El ermitaño ruega a  
Dios por si le revelaría 
la penitencia que diese  
al rey, que le convenía. 
Estando en estas razones 
voz de los cielos se oía: 
—Absuélvelo, confesor, 
absuélvelo por tu vida 
y dale la penitencia 
en su sepultura misma—. 
Fuéle luego revelado,  
de parte de Dios un día, 
que le meta en una tumba  
con una culebra viva, 
y esto tome en penitencia  
por el mal que hecho había. 
El ermitaño al rey,  
muy alegre se volvía; 
contóselo todo al rey  
cómo pasado lo había. 
El rey, de esto muy gozoso,  
luego en obra lo ponía. 
Métese como Dios manda,  
para allí acabar su vida; 
el ermitaño, muy santo,  
mírale el tercero día. 
Dice: —¿Cómo os va, buen rey?  
¿Vaos bien con la compañía?—. 
-Hasta ahora no me ha tocado,  
porque Dios no lo quería. 
Ruega por mí, el ermitaño,  
porque acabe bien mi vida—.
El ermitaño lloraba,  
gran compasión le tenía; 
comenzole a consolar  
y esforzar cuanto podía. 
Después vuelve el ermitaño  
a ver ya si muerto había. 
Rogaba a Dios a su lado 
todas las horas del día. 
—¿Cómo te va, penitente, 
con tu fuerte compañía?—. 
—Ya me come, ya me come, 
por do más pecado había. 
en derecho al corazón 
fuente de mi gran desdicha—.
Las campanas del cielo 
sones hacen de alegría; 
las campanas de la tierra 
ellas solas se tañían; 
el alma del penitente 
para los cielos subía.

Edad Media. Romances de la pérdida de España

martes, 4 de octubre de 2011

Sombras y Boticelli: la Poesía está en todas partes

Sombras y Boticelli. La Poesía está en todas partes

Hice esta foto a finales de septiembre de 2011, al caer la tarde, en un edificio de la localidad de Tres Cantos (Madrid-España). Las sombras de la última hora de la tarde se alargan y un cable sobre la fachada puede parecer otra cosa. La mirada del poeta cree ver bailarinas, siluetas de seres imaginados danzando en la pared de ladrillo.

Pero la Poesía está ahí en esas sombras y ahora sé que son algo más que sombras, quizá sean las tres Gracias del cuadro "La primavera" de Boticelli que regresan seis siglos más tarde que las pintara Sandro Boticelli.
¿Por qué no?

Sé que la mirada es lo que importa.
La Poesía está en todas partes.



Algo más sobre "La Primavera" de Boticelli (información recogida de la página web www.sigojoven.com)


La Primavera es una de las obras maestras del pintor renacentista Italiano Sandro Botticelli. Esta obra posee unas dimensiones de 203 centímetros de alto por 314 centímetros de ancho y responde la técnica pictórica del temple sobre tabla
  
La fecha en la que se llevó a cabo es incierta y los expertos apuntan varias posibilidades. Algunas corrientes dicen que se pintó entre 1476 1477, otras sin embargo, hablan de fechas cercanas a 1482, es decir, después de la experiencia romana de Botticelli
  
El matrimonio entre Lorenzo di Pierfrancesco de Médici y Semiramide Appiani fue posiblemente la causa de este encargo. 
  
Antes de entrar en el análisis detallado de la pintura, hay algo que destaca mucho del cuadro y es su enorme formato en relación con lo habitual de la época. Las pinturas de estas dimensiones, se reservaban siempre para la representación de los temas sacros. 



Se trata de una obra de difícil interpretación simbólica y filosófica, para ello es preciso un amplio conocimiento de la literatura y simbología renacentista. La Primavera representa a los dioses clásicos casi desnudos y a tamaño natural. La escena responde a una atmósfera de fábula de carácter mitológico en la que se está celebrando un rito de primavera alejándose así de la pintura religiosa. 
  
Los expertos no se ponen de acuerdo sobre su alegoría y sobre los significados que tiene esta obra. Hay una interpretación clásica que describe las figuras del cuadro empezando desde la parte izquierda: 
  
Mercurio: Este dios se identifica por su calzado con alas. Tiene una actitud de mirar hacía el cielo, que se interpreta como una unión con el más allá. Esta vestido con un manto rojo que cae de forma asimétrica, señal de que se estaba representando una escena mítica. 
  
Las tres Gracias: Están representadas como tres jóvenes casi desnudas y luciendo elaborados peinados. Son las servidoras de Venus y reciben el nombre de Gracias debido, danzando en corro, se las representó en el arte grecorromano. 
  
Cupido: Revolotea sobre la figura central de La Primavera de Botticelli, Venus. Cupido se dedica a lanzar sus pequeños dardos hacía una de las tres Gracias. 
  
Venus: Es eje a la composición. Está representada como una Madonna. Aparece enfundada en un vestido y un manto, que caen de forma asimétrica, como en el caso de Mercurio. Es el centro físico del cuadro y también el centro moral, al simbolizar y ser representada como la creadora de la Naturaleza, que hace nacer y crecer a los seres vivos. 
  
Flora: Es la única figura del grupo que mira al observador y que tiene la intención de esparcir sus flores más allá de la escena meramente representada. 
  
La ninfa Cloros: Flora recoge en su vestido las flores primaverales que brotan de la boca de la ninfa Cloros. 
  
Céfiro: Dios del viento benigno representado con colores fríos mientras busca el amor de la ninfa. Sopla la dulce brisa que hace posible la primavera. 
  
Todas las figuras destacan en la composición por el contraste que ejercen con el fondo oscuro y la claridad de su piel y sus ropajes.Botticelli opta claramente por un formato monumental, con figuras a tamaño natural, y todo esto lo compagina con una gran atención al más mínimo detalle. 
  
Todos los personajes están situados en un paisaje de naranjos, árboles tradicionalmente relacionados con la familia Médicis. En suelo es una capa de hierba muy oscura con flores típicamente toscanas. También existen otros tipos de flores que Flora porta en su cabeza y ropaje como las violetas.