Hace tiempo que quería iniciar esta sección "La Poesía está en todas partes" y además con esta fotografía.
La tomé en Santiago de Chile en 2006. Estaba en la puerta de una panadería. Ojalá siga allí. Poesía para anunciar el pan.
Y no cualquier poema, son los primeros versos del Soneto XI de los Cien Sonetos de Amor (1959), de Pablo Neruda, que dedicó a su amor Matilde Urrutia.
"no me sostiene el pan, el alba me desquicia"
La Poesía no sólo alimenta el alma, también ayuda a alimentar el estómago.
Os dejo aquí completo ese soneto XI. Disfrutemos completa la pasión de Neruda por Matilde que volcó en este poema.
Soneto XI
Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo y por las calles voy sin nutrirme, callado, no me sostiene el pan, el alba me desquicia, busco el sonido líquido de tus pies en el día.
Estoy hambriento de tu risa resbalada, de tus manos color de furioso granero, tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas, quiero comer tu piel como una intacta almendra.
Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura, la nariz soberana del arrogante rostro, quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas
y hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo buscándote, buscando tu corazón caliente como un puma en la soledad de Quitatrúe.
Rafael Alberti (1902-1999) - Pablo Neruda (1904-1973)
Pablo Neruda escribió "Los versos del capitán" en la isla de Capri en 1952, lejos de Chile, exiliado pero acompañado de su amor Matilde Urrutia a la que dedica este libro. Amor secreto, este de Neruda mientras su mujer, Delia del Carril, permanecía en Chile.
Si os interesa esta etapa de la vida de Neruda os invito a conocer un poco más sobre la historia del libro leyendo el artículo de Omar Pérez "Pablo Neruda:50 años de los versos del capitán". Os aseguró que os va a gustar. Pinchad aquí para leerlo.
Es seguro que Neruda ya había leído el libro de Alberti, "Marinero en tierra", publicado en 1925. Neruda y Alberti coincidieron en Madrid y compartió Neruda poesía y amistad con parte de la Generación del 27 mientras vivió en Madrid, en la "Casa de las Flores", en la calle Gaztambide.
En esta entrada de la sección de "Poemas y correspondencias" de mi blog he traido a Alberti y a Neruda porque hay dos poemas que se enlazan, se corresponden. El mar en Alberti, el viento de la isla en Neruda. Ambos están llamando a los poetas.
El mar en Alberti es nostalgia y reproche a su padre: "la marejada me tira del corazón" y en Neruda "el viento quiere llevarle lejos" y le pide a la amada refugio.
Dos elementos de la Naturaleza que son símbolo de la nostalgia, del recuerdo de la tierra lejana que los vio nacer.
Dos poetas hermanos cuyas biografías son casi paralelas.
Os dejo los dos poemas aquí para que los disfruteis.
RAFAEL ALBERTI
Marinero en tierra. Biblioteca Nueva, 1925 (Premio Nacional de Literatura).
1.
El mar. La mar. El mar. ¡Solo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?
En sueños, la marejada me tira del corazón. Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste acá?
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PABLO NERUDA
Los versos del capitán. Imprenta L'Arte Tipografica, Napoli, 1952, 184 pp.
EL VIENTO EN LA ISLA
El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha cómo recorre el mundo para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos por esta noche sola, mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra su boca innumerable.
Escucha cómo el viento me llama galopando para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente, con tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos al amor que nos quema, deja que el viento pase sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra coronado de espuma, que me llame y me busque galopando en la sombra, mientras yo, sumergido bajo tus grandes ojos, por esta noche sola descansaré, amor mío.
Poesía y Naufragio (I): "La canción desesperada". Pablo Neruda
Con esta entrada pretendo abrir una serie nueva que recogerá poemas de naufragio. El naufragio es un tema antiguo, símbolo de la pérdida.
No puedo dejar de empezar esta serie si no es con Pablo Neruda (1904-1973). Su poema "La canción desesperada" de su libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) es un gran ejemplo. Poema lleno de imágenes tan visuales como ese "Abandonado como los muelles en el alba".
Aquí os dejo este primer poema de naufragios. Vendrán más.
LA CANCIÓN DESESPERADA
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado!.
Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé como pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
Y una cosa más, la versión que del poema hizo el cantante español Paco Ibáñez. Disfrutadla.
"Si tú me olvidas..." Pablo Neruda - Ángel González
Los temas en Poesía son reducidos, quiero decir que al final hablamos del amor/desamor, de la muerte, del dolor, de la pérdida, de lo trascendente.
Por eso es sencillo encontrar que distintos autores han hablado de lo mismo y cada uno tiene su propio punto de vista y la distinta emoción al tratar el tema.
Hay dos poemas que quiero dejar aquí como ejemplo de esas correspondencias.
Probablemente Ángel González conocía el poema de Neruda que pertenece a su libro "Los versos del Capitán" (1952), pero desconozco si sucedió lo contrario, que Neruda leyera o conociera el poema del español Ángel González, pero pudiera ser, teniendo en cuenta que el poema de Ángel González se publicó en 1956, cuatro años después, en su primer libro "Áspero Mundo". Son dos poemas casi contemporáneos.
Los dos plantean el tema del amor/desamor. Los dos hablan a la amada y dicen qué ocurrirá "si tú me olvidas". Los dos poemas me gustan, las dos respuestas son válidas.
Inicio esta serie de entradas en mi blog que llamaré "Poemas y correspondencias" con estos dos poemas.
Disfrutadlos. Es difícil elegir con cuál quedarse si podemos quedarnos con ambos. Grandes poetas los dos, sin duda.
1.
SI TÚ ME OLVIDAS Pablo Neruda
QUIERO que sepas una cosa.
Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.
Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
(De "Los versos del Capitán". 1952)
2.
MUERTE EN EL OLVIDO Ángel González
Yo sé que existo porque tú me inaginas. Soy alto porque tú me crees alto Y limpio porque tú me miras con buenos ojos, Con mirada limpia. Tu pensamiento me hace inteligente, Y en tu sencilla ternura Yo también soy sencillo y bondadoso. Pero si tú me olvidas, quedaré muerto Sin que nadie lo sepa. Verán viva mi carne, pero será otro hombre Oscuro, torpe, malo el que la habita.
Le debo a Pablo Neruda el que yo sea poeta. La lectura de "Los versos del Capitán" fue determinante en el adolescente de quince años que yo era. No podía faltar Neruda entre mis poetas.
Cuando Neruda conoció a Matilde Urrutia, estaba casado con Delia del Carril. Matilde fue, sin duda, el amor de su vida. Ocho años vivió su amor clandestino con Matilde. A ella le escribió los "versos del capitán" que publicó originalmente sin firma para no desvelar su autoría y no desvelar tampoco su nuevo amor.
Dicen las crónicas sobre este episodio de su vida y este libro:
“Años más tarde, cuando la fama le crecía por las sienes, se enamoró de la chillaneja (natural de Chillán, población chilena) Matilde Urrutia, mientras, estaba casado con la pintora Delia del Carril. Entonces ideó escribir un libro secreto, que llevara título, pero no autor. Un libro apócrifo que recorriera el mundo con sus cantos. Así nacieron Los versos del capitán, libro impreso en España con la firma de Pablo Neruda, y que se mantuvo en el anonimato por mucho tiempo. (...) Dice Neruda: ‘Y ahora voy a contarles la historia de este libro, entre los míos uno de los más controversiados. Fue por mucho tiempo un secreto, por mucho tiempo no llevó mi nombre en la tapa, como si yo renegara de él o el propio libro no supiera quien era su padre. Tal como hay hijos naturales, hijos del amor natural, Los versos del capitán eran así, un libro natural’”. Muñoz Lagos, Marino. “Un libro con historia”, El Magallanes, jun. 7, 1998, p. 3.
Neruda yace junto a Matilde en una tumba junto al mar en su casa de Isla Negra. En su casa, en el lugar en que reposan el poeta y su amada contemplé el mar el pasado octubre, las olas del Pacífico, el mar de Neruda. El mar del Capitán.
Qué mejor ejemplo de lo expuesto que dejar aquí dos poemas de su libro para compartirlos con todos.
El maravilloso "Tus pies" y "En ti la tierra"
Leedlos y disfrutad de ellos.
TUS PIES
Cuando no puedo mirar tu cara miro tus pies. Tus pies de hueso arqueado, tus pequeños pies duros.
Yo sé que te sostienen, y que tu dulce peso sobre ellos se levanta.
Tu cintura y tus pechos, la duplicada púrpura de tus pezones, la caja de tus ojos que recién han volado, tu ancha boca de fruta, tu cabellera roja, pequeña torre mía.
Pero no amo tus pies sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre el viento y sobre el agua, hasta que me encontraron.
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EN TI LA TIERRA
Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
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Este último poema además, lo podéis escuchar en la propia voz de Neruda pinchando en este enlace: