CASTILLO DE ALATSKIVI
Es una sombra blanca el castillo frente al silencio verde, frente a la altura firme de los tilos. De las ramas de los árboles, frente a las casas de los viejos creyentes cuelgan tazas de porcelana. La frontera invisible entre el espacio sagrado y el mundo. El agua compartida con el visitante. Para mantener la fe cruzaron la frontera. La cruz y el samovar como único equipaje. Cerca del castillo, junto al lago, las serpientes se deslizan entre la hierba, comen pequeños pájaros y ratones. Camino descalzo. Hambre de cebolla y vida.
Javier Díaz Gil
Letonia, 27 de junio de 2026

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