viernes, 23 de octubre de 2026

19/10/2026: Presentación de "Reloj de arena en la orilla" de Carlos d'Ors en el café Comercial de Madrid

 


Javier Díaz Gil, Carlos d'Ors, Yago d'Ors y José Luis Morante


El pasado lunes 19 de octubre de 2026 tuve la fortuna de presentar el último libro de Carlos d'Ors, Reloj de arena en la orilla, en el café Comercial de Madrid. 

En la mesa, junto al autor, estaban también su hijo Yago que leyó junto a Carlos algunos de los poemas y José Luis Morante, poeta y autor del prólogo del libro, que hizo una semblanza del autor y del poemario.

Una hermosa tarde de poesía con un salón repleto de público, amigos y lectores, bajo el auspicio generoso de Rafael Soler, que coordina los actos literarios del Comercial.

Os dejo aquí el texto de mi presentación. 


Presentación "Reloj de arena en la orilla" de Carlos D’Ors

Café Comercial, 19 horas

19 de octubre de 2026

Buenas tardes.

Gracias a Carlos D’Ors por invitarme a presentar su último libro, “Reloj de arena en la orilla”, hoy aquí en el café Comercial. Gracias a Rafa Soler por su generosidad siempre y a todos los presentes por acompañarnos en esta tarde de poesía.

Presentar a Carlos d’Ors es una responsabilidad. Para quien no le conozca, cosa difícil, rodeados como estamos de amigos y lectores, os diré que ​Carlos d’Ors, nacido en San Sebastián en 1951 es, sin duda, un artista multidisciplinar. Poeta, pintor, narrador, ensayista de arte y estética, ilustrador, autor de teatro, caricaturista y autor de monográficos de pintores. Doctor en Historia del Arte, profesor de Teoría del Arte y Arte Contemporáneo en la UNED y Conservador de Dibujo del Museo Reina Sofía de Madrid. Esa formación hace que su sensibilidad plástica se traslade de manera directa a sus textos.

Ha publicado más de diez poemarios, traducidos algunos parcialmente al rumano y al árabe, y dos libros de relatos, “Hilos de Ariadna” y “Ocho Mujeres”, y un anecdotario de pintores célebres de todos los tiempos, “Vivir entre pinceles”.

Pero hablemos de su último libro que hoy presentamos, “Reloj de arena en la orilla”. Si hablamos de forma genérica de él, hay tres aspectos a destacar.    

  1. LA CLARIDAD. Ortega y Gasset decía que la claridad es la cortesía del filósofo. Para Carlos d'Ors, la claridad es la cortesía del Poeta.          
  2. El SIMBOLISMO. La existencia es símbolo. Carlos d'Ors lo aplica a sus poemas y narraciones alegóricas en donde cada objeto real (abanico, clavo, espejo, cuchillo…), o natural y virtual (bosque, charca, sombra, sol, montaña) posee un valor simbólico o alegórico e incluso un valor espiritual. 
  3. LA SENCILLEZ a través de LA BREVEDAD para intentar lograr la trascendencia y la reflexión metafísica. Decir mucho con pocas palabras.     

Así, con estas premisas nos encontramos con un libro de textos breves: poemas, prosas poéticas y en ocasiones algún brevísimo relato con el que busca la complicidad del lector, a veces con textos muy directos y otros alegóricos. Hay en este libro una intención casi pedagógica.

Quien se acerque al libro, lo primero que verá es la imagen de su portada y el título: “Reloj de arena en la orilla”. Lo simbólico ya está en la portada. La idea del paso del tiempo está en el reloj de arena, y la orilla, que representa el lugar desde el que se escribe: un lugar de llegada o de partida. Nos desvela que el contenido de este libro es la mirada del poeta desde la madurez, desde la altura de la vida ya alcanzada. Una mirada contemplativa, reflexiva.

Hay un poema breve titulado “Reloj” que en dos versos muestra esta idea:

Cuando mi viejo reloj se para,

es como si el pasado se parase.


Después, guiado por mi costumbre de abrir el libro por el índice para conocer cómo el autor ha estructurado el libro, descubro un total de 90 textos, precedidos por un poema titulado “Introito: bitácora del poeta” que es una declaración de intenciones, el planteamiento formal, vital y ético del autor.

A pie lento avanzo…

pregono mi bondad…

Humildemente vuestro…

Seguramente escucharemos en la voz de Carlos el poema completo. Es el poema más lírico del libro, me atrevería a decir.

Inevitablemente, como me ocurre con muchos otros poemas, me evoca Carlos D’Ors en estos versos a Antonio Machado, en esa idea de caminar y definirse como hombre bueno. Sin duda, uno de sus poetas de referencia.

Porque hay en este libro un juego que propone al autor -la poesía debe ser eso, permitidme- entre lo que dice y lo que evoca. Un texto, en su esencia sencillo, nos está llevando de la mano del autor a otros ámbitos como lectores. Nuestra misión como lectores es hallar lo evocado.

Y después del poema inicial, 89 textos ordenados alfabéticamente: Abanico, Árbol, Bicicleta… hasta finalizar con Velo, Ventana, Zapatos. Textos que pueden ser un diccionario simbólico, un diccionario lírico y personal.

Así, “desde la observación meditativa”, como indica José Luis Morante en el prólogo, los elementos elegidos, a través de su simbolismo, nos evocarán otros temas: el tiempo como fuerza que destruye y, también como aquello que convierte la experiencia en memoria, el amor como fuerza de salvación, como forma de trascendencia, la muerte, la libertad y el azar, el destino, el miedo, lo arcangélico. 

Es necesario citar el concepto tan querido por él de lo arcangélico. Lo arcangélico, lo espiritual, lo unido a lo eterno, a lo trascendente. Que lo hallo también cuando habla de los elementos relacionados con el cielo, la noche, las estrellas… Y claramente, en la presencia del ángel en sus poemas.

Temas que ya aparecen en sus libros anteriores.

Pero también está su reflexión sobre la propia escritura, las poéticas. Me detengo un momento en ello.

Así lo trata en el poema titulado “Bolígrafo”, en el que habla de la poesía clara:


Dejadme que os diga que mi bolígrafo se cansó

de aliteraciones, anáforas y metáforas,

que la liturgia del verso se me pierde

entre amapolas, golondrinas y soledades buscadas,

que se me escapa la Poesía en métricas vanas…


O la actitud en espera del poeta que trata en el titulado “Caja”:


Cuando ya no tengas nada que sacar de la caja,

siéntate y espera: de repente, el poema sale fuera,

tanto tiempo guardado en aquella caja, corriendo,

gritando, libre como el viento sin que nadie,

tú ni todos los demás poetas, le detenga…


El poema tiene vida y voluntad propias, el poeta es un mero catalizador. El poeta es solo un asistente o espectador del nacimiento de su propia obra.

Esta idea aparece también en poemas como “Campanario” o “Llaves”.

Y nos hablará de qué es el poema, la ceniza que queda después de lo que ha ardido:

“Leña”:

Corto la leña y la echo al fuego para que arda:

he escrito un poema.


Y de la utilidad de la poesía, en “Poema”.


Toma el Poema.

léelo despacio,

deteniéndote en cada palabra, en cada verso.

¿Ya?

Tranquilo; ahora ya puedes romperlo.


El segundo de los temas en importancia es el amor. Es otro tema transversal que aparece en Abanico, en Flecha, en Tronco… el amor humano; o en Árbol, el amor a la Naturaleza:

Abracé con mis amorosos brazos el tronco de aquel árbol.

Y el árbol me susurro, conmovido, al oído: gracias, hermano…


Pero también el desamor, en “Gafas”:


Cuando pudo finalmente graduar correctamente sus gafas y ponérselas para poderla ver bien, ella ya no estaba…

El tercer tema fundamental, es la propia vida, la vida junto al azar, las oportunidades perdidas, ejemplificado en el poema “Hoja”:


La hoja, harta de estar colgada del árbol

y de penar una vida apenas activa y muy monótona,

se deja caer zarandeada por el viento caprichoso de su vivir…


Tema que trata también en en el poema “Manzana”:

…Caer la manzana madura

… sin probarla nadie,

pudriéndose al fin en la cuneta de la vida…


Podría seguir desgranando temas y textos, pero el lector avezado irá encontrándolos en la lectura.

Pero hay dos cosas en las que me quiero detener un momento antes de finalizar la presentación: en las referencias e influencias de otros autores y en la idea de lo arcangélico.

Así, el bagaje poético de Carlos d’Ors, queda demostrada con algo que yo exponía al principio, con lo que evoca.

Y evoca a Antonio Machado en muchos poemas. En el primer poema, Introito, al que ya aludí, o en “Mirada” que me lleva al poema de Machado de Proverbios y Cantares:


Los ojos por que suspiras,

sábelo bien,

los ojos en que te miras

son ojos porque te ven. 

Pero hay evocaciones de Lao Tsé (la vasija cuya importancia es el hueco, lo que puede contener), a Cernuda (las referencia a la realidad y el deseo o al lugar donde no habite el olvido), a Kavafis y a  su Itaca, en el poema “Conducir” que cierra diciendo “lo importante en esta nuestra vida es el trayecto y no el destino”. O la referencia homérica de “la aurora de rosáceos dedos” en “Dedos”. A Juan Ramón Jiménez en el verso “Pero los pájaros siguen cantando” del poema “Montaña”. A Lorca en ese agua del pozo del poema “Pozo”. Sin olvidarnos de Sylvia Plath a quien dedica especialmente un poema.

Y lo arcangélico, al fin, esa mirada que no se queda solo en la contemplación, sino busca en lo cotidiano la revelación. Mirada unida a lo espiritual, a la trascendencia también. Apoyándose en la figura del propio ángel en el poema “Piedra”:

Lanzas una piedra al cielo…

como si quisieras ser un ángel más…

Poema que cierra con los versos:

…el hombre nace de Dios y quiere retornar a Dios

pero su Yo tiene que penar en la Tierra antes de su regreso.


Poesía clara, sencilla pero que en ocasiones se sirve de las aliteraciones y la anáfora, como en el poema “Sol”, (Solo soy un niño.  Solo soy un hombre. Solo soy un viejo), la antítesis (vida/muerte), la personificación, la enumeración… Un lenguaje sencillo en apariencia pero que utiliza referencias clásicas, referencias a otros autores y recursos estilísticos…

Quiero acabar mi presentación aludiendo al poema con que cierra el libro, “Zapatos”. 

eran los zapatos con los que caminaba el muerto,

las huellas y el rastro de que vivió…


Carlos d’Ors se acerca a nosotros con este libro y quiere dejarnos huella y, sin duda, lo consigue. Estos poemas son una invitación a acercarnos a él, a esta orilla donde el tiempo transcurrido es memoria y conocimiento que desea transmitirnos.

Escuchemos al poeta y disfrutemos con su lectura de este “Reloj de arena en la orilla”.


Javier Díaz Gil

19 de octubre de 2026

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