Lento, el río Niemem acaricia la ciudad de Kaunas. Se multiplican los ecos de bronce de las campanas a las doce del mediodía. Apenas nadie por las calles. Nosotros y algún turista que sabe de la soledad y de la huida. Pero todo es estéril si el agua amenaza y desborda sus orillas y destruye cuanto ven mis ojos. Suenan las campanas. La plaza del cisne blanco está vacía.
Javier Díaz Gil
21/06/2026

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