domingo, 3 de junio de 2007
Un poema de Javier Díaz Gil para empezar junio
Atravesasteis
la ciudad y el corazón
con los semáforos en ámbar.
La lluvia y el asfalto
eran lugares habitables,
la noche avanzaba a vuestro favor:
nada os detuvo.
Los semáforos en ámbar
son dudas
atravesando la garganta.
La noche ha poblado vuestras manos
de silencio.
Se están tiñendo los charcos
con la sangre roja
de los semáforos.
Una luna tímida
-incrédula-
os está llamando.
© Javier Díaz Gil
miércoles, 30 de mayo de 2007
El dios Dioniso/Baco y los poetas
Expongo aquí algunas ideas que me han llamado la atención al respecto recogidas en Wikipedia y alguna otra web:
Dioniso (en griego Διώνυσος Diônysos o Διόνυσος Dionysos) es el dios tracio del vino, representando no sólo su poder tóxico sino también sus influencias sociales y beneficiosas. Es considerado promotor de la civilización, legislador y amante de la paz, así como dios protector de la agricultura y el teatro.
Gozó Baco entre los poetas romanos de una acreditada reputación como fuente inspiradora de su creación literaria, labor en la que la leve demencia que Baco infundía a los humanos entraba en competencia con la influencia de las musas, sirvientas de Apolo. Esa leve demencia que el vino propiciaba era, sin ninguna duda, proclive a facilitar la creación literaria y artística. Podemos, así, contrastar como Ovidio, en su destierro en las lejanas tierras del Ponto, en una de las elegías que integran su obra Tristes, invoca al dios, con motivo de la festividad de las Liberalia que se celebraban en su honor, solicitando su protección y que interceda ante el César, otro dios, para solicitar su piedad y que permita al poeta retornar a Roma.
Nietzsche, que no tuvo reparos en proclamarse el último discípulo del filosofo Dionisios, trató en varias de sus obras acerca de la ideología que se encerraba en las doctrinas báquicas. Para el alemán estaría suficientemente claro que lo dionisiaco representaba un si rotundo a la vida, incluso en sus aspectos más equívocos o aterradores. En ese sentido las doctrinas de Dionisios chocarían tajantemente con el Cristianismo, enajenador para el hombre y hostil a la vida. Contradecía, igualmente, el filósofo alemán lo dionisiaco frente a lo que consideraba apolíneo, siendo propio de lo primero el arrebato y la pasión incontrolada, que tan buenos efectos produce a veces en el arte (el delirio y la inspiración mística como origen de la creación artística), en tanto que lo apolíneo vendría a significar lo bello y armonioso, aquello que el artista alcanza de manera reposada y racional, gracias a la inspiración de Apolo, que para ello se sirva de sus musas.
Esta oposición entre lo dionisiaco y lo apolíneo entra en relación con la tradición de la Filosofía griega que dividía a las escuelas filosóficas en dos: las que bebían vino (los dionisiacos) y los que bebian agua (apolíneos).
Si tuviera que inclinarme por una de las dos "escuelas" probablemente militaría entre los dionisiacos, que me perdone el dios Apolo. Creo más en el delirio y la inspiración mística, más aún si tienes la ayuda de un buen vino.
Video "Para que yo me llame Ángel González"
martes, 29 de mayo de 2007
Alejandra Pizarnik: poesía y suicidio
He encontrado en internet estudios psiquiátricos que hacen alusión a este tema "poesía y suicidio" y aportan conclusiones como el del estudio siguiente:
(de http://www.psiquiatria.com/articulos/psiqsocial/20258/)
"Resumen
Precedentes: La frecuencia de intentos de suicidio o suicidio consumado entre los poetas es muy elevada. Se han aducido diversas explicaciones para ello, como la alta incidencia de depresión, la gran frecuencia de rasgos anómalos de personalidad, la concurrencia de consumo de sustancias, el estilo de vida “bohemio”, o los efectos de la propia poesía sobre el estado anímico de los poetas.
Metodología: Para analizar el tema se revisan las biografías y producciones artísticas de 67 poetas que murieron por suicidio, y se analizan los métodos empleados, así como las referencias propias o de otros autores anunciando o describiendo su próximo suicidio, así como las relaciones con variables demográficas y climáticas.
Resultados: Los métodos de suicidio más utilizados con la intoxicación por sustancias y las armas de fuego, aunque en conjunto los métodos traumáticos superan a los tóxicos. La época del año predominante es otoño-invierno. Las referencias en su obra a la muerte y el suicidio son constantes, y casi siempre próximas a la fecha del suicidio, anunciándolo en muchas ocasiones. Más del 50 % tenían antecedentes psiquiátricos o estaban en tratamiento. En la mayoría es posible encontrar indicios sugestivos de trastornos de personalidad.
Conclusiones: El riesgo de morir por suicidio en los poetas es muy elevado; los problemas de personalidad, la comorbilidad psiquiátrica, la dedicación “obsesiva” a la poesía y la época invernal, son factores asociados con dicho riesgo."
Inquieta, ¿verdad?
Pero la poesía no deja de ser una respuesta, una forma de sublimar el sufrimiento, una forma de terapia. Y la poesía, a pesar de lo terrible de la pérdida, del deseo incumplido, del dolor, de la tristeza... no te deja indiferente.
Este tema de "poesía y suicidio" me anima a conocer quiénes fueron los poetas suicidados, los que cuento también entre "mis poetas" y a publicarlos en este blog.
Hoy quiero hablar de Alejandra Pizarnik. Poeta argentina que murió a la edad de 36 años. Tal vez la elección de Alejandra para inaugurar esta lista responde a una coincidencia, la de su fecha de nacimiento, que como el mío ocurrió un 29 de abril.
Dice su biografía:
Flora Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda, un inquieto suburbio de Buenos Aires, el 29 de abril de 1936. Allí quedaron los juegos infantiles de Buma, Flora en idish, como la llamaban sus padres. Era la segunda hija de un matrimonio ruso de ascendencia judía. Allí quedó también su paso por la Escuela Normal Mixta, donde todavía hoy resuenan sus rebeldías y complejos de adolescente. El desarraigo de Pizarnik, provocado por esta falta especial de raíces nacionales y locales, se relaciona con el sentimiento de exilio que recorre sus poemas y que no la abandonó jamás.
En 1954 concluye los estudios secundarios y comienza un periodo de titubeo académico. Ese mismo año ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Comienza también a estudiar pintura, con Juan Battle Planas, quien contribuyó a la evolución de sus conceptos sobre poesía, y a su modo tratar la distribución del texto sobre la página en blanco, como una forma, un dibujo.
Es su padre quien costea su primer libro, La última inocencia (1956), e incluso llega a abonar los honorarios del psicoanalista que intentará poner en orden el desván sentimental de Alejandra. De hecho, ni la pintura ni la poesía bastan como terapia, y ella experimenta el breve y peligroso fenómeno psicodélico de las anfetaminas. También cura el dolor con analgésicos y frecuenta los somníferos para escapar de la vigilia nocturna.
Por entonces ya está muy relacionada con poetas contemporáneos suyos como Rubén Vela y Clara Silva.
En 1958 publica Las aventuras perdidas, que lleva una ilustración de Paul Klee, quien fue con Hyeronimus Bosch su pintor favorito.
Por esta época inicia su amistad con Olga Orozco, que durará hasta su muerte. A ella dedica su poema “Tiempo” del mismo libro. Otro poema, “Exilio”, está dedicado al poeta Raúl Gustavo Aguirre. En este libro ya aparece explícitamente una temática que desarrollará más tarde hasta la exasperación: la noche como realización y la luz como negación de vida.
Su mundo es generalmente amargo. Una vida definida como un dolor vehemente, una absoluta desesperación. Para Olga Orozco, su pesimismo de esos años tiene que ver con sus fracasos amorosos, y la muerte del poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, por quien sintió un enamoramiento profundo.
Termina así una primera etapa de aprendizaje y se cierra un ciclo. Comienza su segunda etapa —la etapa de París— que dura cuatro años, de 1960 a 1964, y que la lanza a un escenario internacional, a nuevas perspectivas y a una maduración personal, que hará que pertenezcan a esta época la mayor parte de sus poemas antológicos. Es en París donde conoce a Octavio Paz y a Julio Cortázar, amistades que continúa hasta su muerte. En esta ciudad desarrolla una actividad múltiple: es redactora de la revista "Cuadernos", pertenece al comité de colaboradores extranjeros de Les Lettres Nouvelles, y conoce a escritores de la importancia de Yves Bonnefoy, André Pieyre de Mandiargues y Henri Michaux. Su pasión por París durará hasta su muerte.
En el año 1965 regresa a Buenos Aires y aparece un nuevo libro, Los trabajos y las noches. Con esta obra obtiene el Primer Premio Municipal. Corresponde a su época de plenitud, y son poemas escritos, en su mayoría, en París. Tanto en Árbol de Diana como en Los trabajos y las noches hay poemas de esperanza, de certeza. El libro está recorrido por una luminosidad que no volverá a lograr nunca más.
En Los trabajos y las noches también hay desesperanza; son poemas de gran intensidad, y de gran rigor. Con este libro obtiene el premio Fondo Nacional de las Artes, y el Primer Premio de la Municipalidad de Buenos Aires. Es el inicio de sus obsesiones y delirios, pero no se harán evidentes hasta la última etapa de su obra.
Sus tendencias obsesivas se agudizan hacia el final de su vida. Sobreviene una etapa de marcada melancolía, y la sombra de la locura desquició sus últimos años. Aparecen entonces sus libros: Extracción de la piedra de locura (1968), y El infierno musical (1971). Ya todas, o casi todas las imágenes de estos libros son de desgarramiento y de alienación. Es un período de intensa depresión. En El infierno musical ya hay imágenes de principio de locura y aparece explícita la idea del suicidio: “triste como sí misma / hermosa como el suicidio” El suicidio está descrito en su obra con placer, como si el suicidio —el no ser— fuese un triunfo.
Termina sus días viviendo en un mundo de tinieblas: Rechazaba la luz, y vivía de noche. Sale del hospital, después de una estancia de cinco meses en Enero de 1972, y en una carta a Juan Liscano se advierte su desequilibrio: “En Buenos Aires no aceptan que una poeta tan pura tenga necesidades. Oh, que se vayan a la mierda”.
Alejandra Pizarnik se libera, en su poesía y su vida, cuando elige el suicidio como salida de elección.
Enrique Molina, que tanto y tan bien la conocía, escribió sobre ella que “no tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar”.
Su vida termina en un abandonarse inerte y regresivo. La mañana del 25 de septiembre de 1972, una dosis intencional de barbitúricos le tranquilizó el espíritu para siempre. Tenía 36 años.
Alejandra, la poeta de la palabra desgarrada. La niña grande que pintó lilas y fragmentos. Alejandra y su eterna soledad, la soledad como un barco a la deriva.
Falta tan sólo conocer su obra.
La contemplación, la entrega, la tristeza, la duda, la derrota, el desamor... flotan en los versos de Alejandra Pizarnik. Su poesía, que roza el surrealismo, marcó a las posteriores generaciones poéticas de su país. Pizarnik trabajó las tradiciones romántica, simbolista y surrealista, poniendo en escena lo desgarrador del silencio creativo
Os invito a leerla y a conocerla un poco más. Os dejo aquí alguno de su poemas:
AMANTESuna flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.
QUIEN ALUMBRA
Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.
HIJA DEL VIENTO
Han venido
invaden la sangre,
huelen a plumas,
la carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.
Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma.
Porque no hay nadie.
Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
EXILIO
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre.
Ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.
LA NOCHE
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la conciencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte,
tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.
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Para conocer más sobre ella, podéis leer el artículo:
Alejandra Pizarnik: textos de locura y suicidio
jueves, 24 de mayo de 2007
Un haiku: poema de Javier Díaz Gil
miércoles, 23 de mayo de 2007
Silvio Rodríguez: Hoy mi deber.
Silvio Rodríguez publicó en 1982 su disco "Unicornio", en donde aparece la canción del mismo nombre ya legendaria. Pero también algunas otras con tinte social, como "Canción urgente para Nicaragua" o de temática amorosa como "El sol no da de beber". Pero hay una canción: "Hoy mi deber", que recoge la contradicción entre ambas cosas: el amor y el deber social y el compromiso. La realidad y el deseo, que escribió Luis Cernuda.En esa canción, escrita en 1979, hace ya 28 años, se habla de cosas que siguen siendo actuales: la realidad y el deseo y la forma de reunir ambas, tal como Silvio nos lo muestra en la letra de su canción.
HOY MI DEBER
Hoy mi deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza
Hoy era un momento
más bien optimista
un renacimiento
un sol de conquista
Pero tú me faltas,
hace tantos días
que quiero y no puedo
tener alegrías
Pienso en tu cabello
que estalla en mi almohada
y estoy que no puedo
dar otra batalla
Hoy yo que tenía
que cantar a coro
me escondo del día
susurro estoy solo
Qué hago tan lejos
dándole motivos
a esta jugarreta
cruel de los sentidos
Tu boca pequeña
dentro de mi beso
conquista se adueña
no toca receso
Tu cuerpo y mi cuerpo
cantando sudores
sonidos posesos
febriles temblores
Hoy mi deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza
Y creo que acaso
al fin lo he logrado
soñando tu abrazo
volando a tu lado.
(1979)
Os dejo también un enlace a un vídeo de esta canción para que la escuchéis. La voz de Silvio y su música completan la magia de esta letra. Disfrutadla.
http://www.youtube.com/watch?v=WNwfaIvI_fM
lunes, 21 de mayo de 2007
Jaime Gil de Biedma

Cursó el Bachillerato en el Instituto Luis Vives, en Sarriá, y su primera juventud estará marcada por los veranos en Castelló y la vida burguesa barcelonesa: veladas en el Liceo, natación, tenis y equitación en el Club de Polo.
En el año 1946 ingresa a la Facultad de Derecho y entra en contacto con Carlos Barral, Joan Reventós, Alberto Oliart y Antonio de Senillosa. Conoce también a José María Castellet que lo introducirá en la corriente denominada "realismo crítico".
Desde 1955 trabaja en Tabacos de Filipinas. Primero como miembro del equipo de la Asesoría Jurídica, y posteriormente como asesor personal del presidente de la multinacional, Manuel Meler.
Enfermo de SIDA, muere en Barcelona el 8 de enero de 1990.
Su trayectoria como poeta había terminado muchos años antes, puede ser porque la vocación literaria dejará paso a la pasión por la lectura, o puede porque como el mismo va a decir: "yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema..."



