domingo, 1 de agosto de 2010

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar agosto 2010


SAL

Froto las yemas de mis dedos

-mis dedos pulgar e índice,
ajenos a mí,
se acarician-.

Hay restos de sal-refugio
en mis huellas dactilares.


El perfecto ladrón no deja huellas.


Pero siempre deja huella lo robado.


© Javier Díaz Gil

31 de julio de 2010