viernes, 16 de mayo de 2008

Susana y los viejos: la mentira frente al imposible deseo

"Susana y los viejos", de Artemisia Gentileschi
(Roma, 8 de julio de 1597 - Nápoles, hacia 1654, pintora caravaggista italiana)


Hay un pasaje del Antiguo Testamento, del Libro de Daniel, que recoge la escena de Susana y los viejos. Me parece todo tan simbólico, encierra esta historia el imposible deseo, la mentira y el acoso, el triunfo final de la verdad frente a la mentira.

Susana era una bella mujer judía cuya historia se recoge en un apéndice del "Libro de Daniel". Fue sorprendida mientras se bañaba por dos jueces ancianos que, cegados por la pasión, hicieron a la joven proposiciones deshonestas que ella rechazó. Los despechados ancianos difamaron a la casta Susana, declarando haberla hallado cometiendo adulterio, lo que se castigaba con la muerte según la ley judía. Susana fue condenada a muerte pero se salvó gracias a la intervención del joven Daniel, ya que pudo convencer a la asamblea del falso testimonio de los ancianos gracias a la inspiración divina. La castidad de Susana simboliza la salvación del alma a través de la pureza.

Es curioso cómo la de Susana y los viejos es una de las escenas bíblicas más representadas durante el Renacimiento y el Barroco, ya que permitía a los artistas mostrar la anatomía desnuda del cuerpo de Susana sin preocuparse de las posibles persecuciones eclesiásticas.

Sobre el tema, recojo el comentario tan esclarecedor que encuentro en el blog http://lapistoladelarra.blogspot.com:

En la mitología bíblica hay una pasaje titulado Susana y los viejos que habla de la joven que saliendo del baño al que acudía junto a sus criadas habitualmente, es requerida sexualmente por dos viejos jueces a cambio de dinero: "Al mediodía, cuando la gente se había ido, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos viejos la veían entrar y pasear todos los días, y comenzaron a desearla con pasión" dice el relato . El rechazo de la joven despierta la cólera en ellos y da lugar a la injuria y la acusación. Según la ley judaica, el adulterio, exclusivamente contemplado sobre las mujeres, era castigado con la muerte. Así los ancianos dolidos amenazan a Susana: "Mira, las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve. Nosotros te deseamos apasionadamente; consiente, pues, y deja que nos acostemos contigo. De lo contrario daremos testimonio contra ti, diciendo que un joven estaba contigo y que por eso mandaste fuera a las criadas". Juzgada a continuación por el falso testimonio que creyeron jueces y pueblo, solo la voz de un joven , Daniel, la salvó de la pena de muerte cuando gritó: «¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!» Por él, Susana es absuelta.Este tema ---recordó el escritor Rubén Castillo en una charla sobre cierto lienzo anónimo renacentista--- es utilizado frecuentemente por los pintores del XV y el XVI ya que les daba justificación ante la iglesia para mostrar el cuerpo femenino desnudo. Tintoretto o el Veronés son algunos de los artistas que recrearon el mito. De entre los lienzos dedicados al episodio, destacó el conferenciante el de la pintora tenebrista Artemisia Gentileschi, considerada la primera pintora de la historia, de la que en la época fue conocido el peso de su propia experiencia sobre el tema. Violada por su profesor de dibujo, Agostino Tassi, y denunciado convenientemente, fue a ella a quien el tribunal sometió a tortura para verificar su testimonio. La crítica tanto del momento como la actual ha interpretado que este acontecimiento fue lo que la impulsó a tratar habitualmente temas protagonizados por mujeres vengativas o acosadas, como es el caso del cuadro del que hablamos. Desde una posición verticalmente superior, planean sigilosamente los viejos la manera de acceder a la joven Susana, mientras ella huye con cuerpo y gesto de dolor de sus palabras e intenciones. El banco de madera que les separa es violentamente traspasado por el manto rojo de uno de ellos que entra con volatilidad satánica en la escena pidiendo cautela en el embaucamiento, solicitanto silencio a la agredida o mitigando el volumen de sus palabras; su cómplice deja caer la mano despreocupadamente mientras le susurra al oído. Susana, sentada ya casi en el filo, huye con cuerpo y doloroso gesto de lo que no quiere aceptar ni oír; es la imagen física y moral del acoso y la impotencia.
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Pero no sólo en la pintura se ha tratado este tema, también la poesía. El tema del deseo es el que sirve a Jorge Guillén como tema central de este soneto que copio aquí para cerrar esta entrada.
Espero que os haya llamado la atención esta historia tanto como a mí.

Susana y los Viejos

(Jorge Guillen)

Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,
se deslizan, escrutan y apartando la rama
alargan sus miradas hasta el lugar del drama:
el choque de un desnudo con los sueños de antes.

A solas y soñando ya han sido los amantes
posibles, inminentes, en visión, de la dama.
Tal desnudez real ahora los inflama
que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.

¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.
En su carne se sienten, se afirman juveniles
porque lo son. Susana surge ante su deseo,
que conserva un impulso cándido de caudal.

Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles.
-Ah, Susana. -¡Qué horror! -Perdóname. ¡Te veo!

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