lunes, 1 de febrero de 2016

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar febrero 2016





BUSTER KEATON


"Chaplin wasn't the funniest, I wasn't the funniest, Stan Laurel was the funniest." 
                                                                                                            (Buster Keaton)


Veo llorar a Buster Keaton
en el funeral de Stan Laurel.

Buster Keaton, sus lágrimas,
sus ojos evitando la cámara que busca su imagen.

Y pienso en Keaton y en su locomotora
y en Harold Lloyd pataleando
colgado de la aguja del reloj
y en Chaplin jugando con dos tenedores que bailan
entreteniendo el hambre.

Soy un niño que crece
riendo con el gordo y el flaco:
los enfados tristes de Oliver Hardy,
el pelo erizado, su mueca inocente,
la mano de Stan Laurel, su mano,
que revuelve nerviosa
su cabello.

Un niño que crece
aprehendiendo la mirada 
melancólica de Keaton: 
su magia.

Lloro con Buster Keaton los sombreros vacíos,
los relojes desaprendidos y sus ausencias.

La cámara se detiene ante el rostro del hombre que nunca sonríe.

La muerte sabe
         quién era el más grande.


© Javier Díaz Gil
28 de enero de 2016

viernes, 1 de enero de 2016

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar enero 2016



TIEMPO DE CONTEMPLACIÓN 

Llega el tiempo de la contemplación.

Abandonarse lentamente,
respirar el verde del arrozal y la sonrisa.
Los ojos bien abiertos como llamas.

El tiempo de la contemplación, 
tiempo de espera y paisaje detenido.

Saber que sólo eres ahora.
Solo eres ahora y eres la vida
         que hay fuera.

Y eres
-lo sabes-
la vida que hay dentro, 
la que estaba detenida

aguardándote.


Javier Díaz Gil
Hue, 27/09/2015


jueves, 31 de diciembre de 2015

Un poema de Javier Díaz Gil para acabar 2015




LOS JUSTOS


        "Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."
         ("Los justos". Jorge Luis Borges) 


Asoma enero en el calendario
con la esperanza puesta en la lluvia.

El frío ha dejado en suspenso la belleza:
diciembre es un mes en harapos.

Mirar atrás es sólo un hombre
llevando en brazos
                      a un niño muerto.

Es la huida
el camino y el barro
                                  y el mar y su naufragio
y miles de hombres y mujeres conjurando
-ay, los niños-

         las ventanas cerradas y la muerte.


Me mira enero con su camisa recién planchada
y sus ojos
            tristes.

Me mira y me susurra palabras al oído
que no me creo.
"Primavera", me dice, "y deseo", repite.

Palabras gastadas que volverán a verter
su sangre en las aceras.

Me tiende su mano enero
y sabe que no hay retorno posible.

No todo está perdido mientras queden los justos.
(sus ojos
           tristes)

No todo está perdido.


Javier Díaz Gil
30 de diciembre de 2015

martes, 1 de diciembre de 2015

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar diciembre 2015


BOTE, BOLERO

Agosto es el sol más terrible 
pero aún somos niños corriendo incansables
su noche acogedora.
Son la felicidad las calles y el verano.

Es mi memoria una casa de pueblo
y nuestros pantalones cortos y los primos
sin prisa preparando el juego.

Una lata vacía es suficiente.

Horas jugando al bote bolero,
“Bote bolero, por Carlos”
“Bote bolero, por ti”.

Ligarla es descubrir al escondido,
Ser más audaz y más listo.

“Bote, bolero, por Olga”
“Bote, bolero por ti”.

Esconderse y no ser visto
Y acercarse sigiloso antes de que te encuentren.

“Bote, bolero por Jose”
“Bote bolero, por ti”.

Si fuera sencillo volver y acabar este juego.
“Bote, bolero…”

Regresar a la infancia,
alcanzar el círculo,
arrojar bien lejos aquel bote de una patada
“Bote bolero, por mi”,

para salvarnos todos.


© Javier Díaz Gil
10 de febrero de 2015.

 Poema incluido en la antología "Antón Pirulero", (Antología de juegos de la infancia) coordinada por Pilar Geraldo Denia. Asociación Cultural Museo del Niño. Albacete 2015.
(Ver imágenes de la presentación del libro y de la exposición en este enlace)

domingo, 1 de noviembre de 2015

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar noviembre 2015



TEORÍA DEL CAOS

El caos es la lluvia cayendo inclemente
sobre el aura gris de los rostros.

Pasan las motos
y las bicicletas y la gente sonríe a pesar de la lluvia.
A pesar de las aceras tomadas por los comercios,
a pesar de mi mirada occidental que nada entiende.

Es el cuerpo cansado el que no entiende que la vida es lluvia 
y sombras 
      y miradas ocultas
              bajo los impermeables.

Que la vida necesita del caos para protegerse y prolongarse,
y que tan solo soy un intruso en este mundo de agua

que necesita reconocerse una vez más

lejos
y
solo.

Javier Díaz Gil
19/09/2015

jueves, 1 de octubre de 2015

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar octubre 2015




UN AUSTIN COLOR AZUL

En 1963 recorrió algo más de mil kilómetros
en un Austin color azul,
la distancia que separaba su monasterio en Hue
de la ciudad de Saigón.

Thich Quang Duc roció su cuerpo con un líquido inflamable
la mañana del 11 de junio.

Mientras ardía su carne no emitió señal alguna de dolor.
Inmóvil, el fuego era luz de rebeldía frente al poder.

La comunidad incineró sus restos tras su muerte.
su corazón quedó intacto.

Miro ahora, medio siglo después, -el dictador caído-, 
el Austin azul en Hue,

sus faros interrogándome, 
recordándome el futuro.


(Pagoda de Thien Mu, Hue)

Javier Díaz Gil
27/09/2015

martes, 1 de septiembre de 2015

Un poema de Javier Díaz Gil para empezar septiembre 2015



EL HOMBRE INVISIBLE

Terminarás aprendiendo
¬-yo te enseñaré-:

Lo más difícil
de todo

es desaparecer.

(De “El ángel prometido”. JDG)

Saben de su existencia
por el perfil de su sombra en las ventanas.
Durante la noche deambula por la casa
o permanece sentado largas horas solo junto a un libro:
conversar con uno mismo hace huir al silencio.

Hay quien afirma haberle visto caminar por la calle
en los días soleados del invierno:
su piel translúcida, las manos dibujadas en los bolsillos,
su paso lento ocultando
su boca.

Son sus dos ojos abiertos
la oscuridad de un faro.

Dicen que se alimenta de tinta y de tristeza,
pero en su casa el viento -las ventanas abiertas-,
recorre los pasillos empujando
los recuerdos terribles
al fondo de los cajones.

“Es extraño”, rumorean los que no se atreven
a nombrar la soledad.
“Es un hombre libre”, dicen otros, bajando la voz.


© Javier Díaz Gil
25 de agosto de 2015