miércoles, 30 de mayo de 2007

El dios Dioniso/Baco y los poetas

O Pequeno Baco Doente, de Caravaggio

Es curiosa en Grecia la relación entre los dioses y la creación literaria. La influencia de Baco y los poetas, el beneficio del "poder tóxico del vino".

Expongo aquí algunas ideas que me han llamado la atención al respecto recogidas en Wikipedia y alguna otra web:

Dioniso (en griego Διώνυσος Diônysos o Διόνυσος Dionysos) es el dios tracio del vino, representando no sólo su poder tóxico sino también sus influencias sociales y beneficiosas. Es considerado promotor de la civilización, legislador y amante de la paz, así como dios protector de la agricultura y el teatro.

Dioniso era también conocido como Baco (en griego Βακχος Bakkhos), nombre con el que fue asimilado en la mitología romana, anulando y confundiéndose con el antiguo dios itálico Liber Pater. Los griegos tomaron prestada la figura de Dioniso y la incorporaron a la tradición olímpica como hijo de Zeus y Sémele, hija de Cadmo, rey de Tebas, aunque otras versiones afirman que era hijo de Zeus y Perséfone.

Gozó Baco entre los poetas romanos de una acreditada reputación como fuente inspiradora de su creación literaria, labor en la que la leve demencia que Baco infundía a los humanos entraba en competencia con la influencia de las musas, sirvientas de Apolo. Esa leve demencia que el vino propiciaba era, sin ninguna duda, proclive a facilitar la creación literaria y artística. Podemos, así, contrastar como Ovidio, en su destierro en las lejanas tierras del Ponto, en una de las elegías que integran su obra Tristes, invoca al dios, con motivo de la festividad de las Liberalia que se celebraban en su honor, solicitando su protección y que interceda ante el César, otro dios, para solicitar su piedad y que permita al poeta retornar a Roma.

Nietzsche, que no tuvo reparos en proclamarse el último discípulo del filosofo Dionisios, trató en varias de sus obras acerca de la ideología que se encerraba en las doctrinas báquicas. Para el alemán estaría suficientemente claro que lo dionisiaco representaba un si rotundo a la vida, incluso en sus aspectos más equívocos o aterradores. En ese sentido las doctrinas de Dionisios chocarían tajantemente con el Cristianismo, enajenador para el hombre y hostil a la vida. Contradecía, igualmente, el filósofo alemán lo dionisiaco frente a lo que consideraba apolíneo, siendo propio de lo primero el arrebato y la pasión incontrolada, que tan buenos efectos produce a veces en el arte (el delirio y la inspiración mística como origen de la creación artística), en tanto que lo apolíneo vendría a significar lo bello y armonioso, aquello que el artista alcanza de manera reposada y racional, gracias a la inspiración de Apolo, que para ello se sirva de sus musas.

Esta oposición entre lo dionisiaco y lo apolíneo entra en relación con la tradición de la Filosofía griega que dividía a las escuelas filosóficas en dos: las que bebían vino (los dionisiacos) y los que bebian agua (apolíneos).

Si tuviera que inclinarme por una de las dos "escuelas" probablemente militaría entre los dionisiacos, que me perdone el dios Apolo. Creo más en el delirio y la inspiración mística, más aún si tienes la ayuda de un buen vino.

Video "Para que yo me llame Ángel González"

Hoy miércoles 30 de mayo de 2007, a las 19.30, lee Ángel González en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Este video puede ser un buen aperitivo de lo que allí escucharemos. Será inolvidable como todas sus lecturas.

martes, 29 de mayo de 2007

Alejandra Pizarnik: poesía y suicidio

Alejandra Pizarnik (1936-1972)

Siempre me ha sorprendido y me ha hecho reflexionar el número tan elevado de poetas que han acabado sucidándose. Nadie duda de que la Poesía es sinónimo de trascendencia, el lugar donde los grandes temas de la Humanidad se van tejiendo y se nos muestran: la vida, el amor, la pérdida, la celebración. Pero a veces parece que la Poesía es un territorio habitado tan sólo por la muerte. La obsesión de la propia muerte en muchos poetas.

He encontrado en internet estudios psiquiátricos que hacen alusión a este tema "poesía y suicidio" y aportan conclusiones como el del estudio siguiente:

(de http://www.psiquiatria.com/articulos/psiqsocial/20258/)

"Resumen

Precedentes: La frecuencia de intentos de suicidio o suicidio consumado entre los poetas es muy elevada. Se han aducido diversas explicaciones para ello, como la alta incidencia de depresión, la gran frecuencia de rasgos anómalos de personalidad, la concurrencia de consumo de sustancias, el estilo de vida “bohemio”, o los efectos de la propia poesía sobre el estado anímico de los poetas.

Metodología: Para analizar el tema se revisan las biografías y producciones artísticas de 67 poetas que murieron por suicidio, y se analizan los métodos empleados, así como las referencias propias o de otros autores anunciando o describiendo su próximo suicidio, así como las relaciones con variables demográficas y climáticas.

Resultados: Los métodos de suicidio más utilizados con la intoxicación por sustancias y las armas de fuego, aunque en conjunto los métodos traumáticos superan a los tóxicos. La época del año predominante es otoño-invierno. Las referencias en su obra a la muerte y el suicidio son constantes, y casi siempre próximas a la fecha del suicidio, anunciándolo en muchas ocasiones. Más del 50 % tenían antecedentes psiquiátricos o estaban e
n tratamiento. En la mayoría es posible encontrar indicios sugestivos de trastornos de personalidad.

Conclusiones: El riesgo de morir por suicidio en los poetas es muy elevado; los problemas de personalidad, la comorbilidad psiquiátrica, la dedicación “obsesiva” a la poesía y la época invernal, son factores asociados con dicho riesgo."

Da un poco de miedo la conclusión que aporta: "el riesgo de morir por sucidio en los poetas es muy elevado."
Inquieta, ¿verdad?
Pero la poesía no deja de ser una respuesta, una forma de sublimar el sufrimiento, una forma de terapia. Y la poesía, a pesar de lo terrible de la pérdida, del deseo incumplido, del dolor, de la tristeza... no te deja indif
erente.
Este tema de "poesía y suicidio" me anima a conocer quiénes fueron los poetas suicidados, los que cuento también entre "mis poetas" y a publicarlos en este blog.

Hoy quiero hablar de Alejandra Pizarnik. Poeta argentina que murió a la edad de 36 años. Tal vez la elección de Alejandra para inaugurar esta lista responde a una coincidencia, la de su fecha de nacimiento, que como el mío ocurrió un 29 de abril.

Dice su biografía:

Flora Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda, un inquieto suburbio de Buenos Aires, el 29 de abril de 1936. Allí quedaron los juegos infantiles de Buma, Flora en idish, como la llamaban sus padres. Era la segunda hija de un matrimonio ruso de ascendencia judía. Allí quedó también su paso por la Escuela Normal Mixta, donde todavía hoy resuenan sus rebeldías y complejos de adolescente. El desarraigo de Pizarnik, provocado por esta falta especial de raíces nacionales y locales, se relaciona con el sentimiento de exilio que recorre sus poemas y que no la abandonó jamás.

En 1954 concluye los estudios secundarios y comienza un periodo de titubeo académico. Ese mismo año ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Comienza también a estudiar pintura, con Juan Battle Planas, quien contribuyó a la evolución de sus conceptos sobre poesía, y a su modo tratar la distribución del texto sobre la página en blanco, como una forma, un dibujo.
Es su padre quien costea su primer libro, La última inocencia (1956), e incluso llega a abonar los honorarios del psicoanalista que intentará poner en orden el desván sentimental de Alejandra. De hecho, ni la pintura ni la poesía bastan como terapia, y ella experimenta el breve y peligroso fenómeno psicodélico de las anfetaminas. También cura el dolor con analgésicos y frecuenta los somníferos para escapar de la vigilia nocturna.
Por entonces ya está muy relacionada con poetas contemporáneos suyos como Rubén Vela y Clara Silva.

En 1958 publica Las aventuras perdidas, que lleva una ilustración de Paul Klee, quien fue con Hyeronimus Bosch su pintor favorito.
Por esta época inicia su amistad con Olga Orozco, que durará hasta su muerte. A ella dedica su poema “Tiempo” del mismo libro. Otro poema, “Exilio”, está dedicado al poeta Raúl Gustavo Aguirre. En este libro ya aparece explícitamente una temática que desarrollará más tarde hasta la exasperación: la noche como realización y la luz como negación de vida.

Su mundo es generalmente amargo. Una vida definida como un dolor vehemente, una absoluta desesperación. Para Olga Orozco, su pesimismo de esos años tiene que ver con sus fracasos amorosos, y la muerte del poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, por quien sintió un enamoramiento profundo.
Termina así una primera etapa de aprendizaje y se cierra un ciclo. Comienza su segunda etapa —la etapa de París— que dura cuatro años, de 1960 a 1964, y que la lanza a un escenario internacional, a nuevas perspectivas y a una maduración personal, que hará que pertenezcan a esta época la mayor parte de sus poemas antológicos. Es en París donde conoce a Octavio Paz y a Julio Cortázar, amistades que continúa hasta su muerte. En esta ciudad desarrolla una actividad múltiple: es redactora de la revista "Cuadernos", pertenece al comité de colaboradores extranjeros de Les Lettres Nouvelles, y conoce a escritores de la importancia de Yves Bonnefoy, André Pieyre de Mandiargues y Henri Michaux. Su pasión por París durará hasta su muerte.

En el año 1965 regresa a Buenos Aires y aparece un nuevo libro, Los trabajos y las noches. Con esta obra obtiene el Primer Premio Municipal. Corresponde a su época de plenitud, y son poemas escritos, en su mayoría, en París. Tanto en Árbol de Diana como en Los trabajos y las noches hay poemas de esperanza, de certeza. El libro está recorrido por una luminosidad que no volverá a lograr nunca más.

En Los trabajos y las noches también hay desesperanza; son poemas de gran intensidad, y de gran rigor. Con este libro obtiene el premio Fondo Nacional de las Artes, y el Primer Premio de la Municipalidad de Buenos Aires. Es el inicio de sus obsesiones y delirios, pero no se harán evidentes hasta la última etapa de su obra.
Sus tendencias obsesivas se agudizan hacia el final de su vida. Sobreviene una etapa de marcada melancolía, y la sombra de la locura desquició sus últimos años. Aparecen entonces sus libros: Extracción de la piedra de locura (1968), y El infierno musical (1971). Ya todas, o casi todas las imágenes de estos libros son de desgarramiento y de alienación. Es un período de intensa depresión. En El infierno musical ya hay imágenes de principio de locura y aparece explícita la idea del suicidio: “triste como sí misma / hermosa como el suicidio” El suicidio está descrito en su obra con placer, como si el suicidio —el no ser— fuese un triunfo.

Termina sus días viviendo en un mundo de tinieblas: Rechazaba la luz, y vivía de noche. Sale del hospital, después de una estancia de cinco meses en Enero de 1972, y en una carta a Juan Liscano se advierte su desequilibrio: “En Buenos Aires no aceptan que una poeta tan pura tenga necesidades. Oh, que se vayan a la mierda”.
Alejandra Pizarnik se libera, en su poesía y su vida, cuando elige el suicidio como salida de elección.

Enrique Molina, que tanto y tan bien la conocía, escribió sobre ella que “no tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar”.
Su vida termina en un abandonarse inerte y regresivo. La mañana del 25 de septiembre de 1972, una dosis intencional de barbitúricos le tranquilizó el espíritu para siempre. Tenía 36 años.
Alejandra, la poeta de la palabra desgarrada. La niña grande que pintó lilas y fragmentos. Alejandra y su eterna soledad, la soledad como un barco a la deriva.

Falta tan sólo conocer su obra.

La contemplación, la entrega, la tristeza, la duda, la derrota, el desamor... flotan en los versos de Alejandra Pizarnik. Su poesía, que roza el surrealismo, marcó a las posteriores generaciones poéticas de su país. Pizarnik trabajó las tradiciones romántica, simbolista y surrealista, poniendo en escena lo desgarrador del silencio creativo

Os invito a leerla y a conocerla un poco más. Os dejo aquí alguno de su poemas:

AMANTES

una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.

QUIEN ALUMBRA

Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.


HIJA DEL VIENTO

Han venido
invaden la sangre,
huelen a plumas,
la carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma.

Porque no hay nadie.
Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.


EXILIO

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre.
Ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

LA NOCHE

Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte,
tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser.

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Para conocer más sobre ella, podéis leer el artículo:

Alejandra Pizarnik: textos de locura y suicidio

jueves, 24 de mayo de 2007

Un haiku: poema de Javier Díaz Gil


Escribo un haiku.
Y lo comparto.
Bastan tres versos para entender el mundo.
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VIDA.

Pregunta al pez.
En su pecera sigue
estando el mar.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Silvio Rodríguez: Hoy mi deber.

Silvio Rodríguez publicó en 1982 su disco "Unicornio", en donde aparece la canción del mismo nombre ya legendaria. Pero también algunas otras con tinte social, como "Canción urgente para Nicaragua" o de temática amorosa como "El sol no da de beber". Pero hay una canción: "Hoy mi deber", que recoge la contradicción entre ambas cosas: el amor y el deber social y el compromiso. La realidad y el deseo, que escribió Luis Cernuda.
En esa canción, escrita en 1979, hace ya 28 años, se habla de cosas que siguen siendo actuales: la realidad y el deseo y la forma de reunir ambas, tal como Silvio nos lo muestra en la letra de su canción.

HOY MI DEBER

Hoy mi deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza

Hoy era un momento
más bien optimista
un renacimiento
un sol de conquista

Pero tú me faltas,
hace tantos días
que quiero y no puedo
tener alegrías

Pienso en tu cabello
que estalla en mi almohada
y estoy que no puedo
dar otra batalla

Hoy yo que tenía
que cantar a coro
me escondo del día
susurro estoy solo

Qué hago tan lejos
dándole motivos
a esta jugarreta
cruel de los sentidos

Tu boca pequeña
dentro de mi beso
conquista se adueña
no toca receso

Tu cuerpo y mi cuerpo
cantando sudores
sonidos posesos
febriles temblores

Hoy mi deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza

Y creo que acaso
al fin lo he logrado
soñando tu abrazo
volando a tu lado.

(1979)



Os dejo también un enlace a un vídeo de esta canción para que la escuchéis. La voz de Silvio y su música completan la magia de esta letra. Disfrutadla.

http://www.youtube.com/watch?v=WNwfaIvI_fM


lunes, 21 de mayo de 2007

Jaime Gil de Biedma


Aún no había hablado de otro poeta imprescindible, Jaime Gil de Biedma.
Decía Gil de Biedma que la poesía no era tan difícil pues alguno de sus mejores poemas los escribió con alguna copa de más. Poeta bohemio, perteneciente a la generación del 50, una generación amante de la poesía pero también de la diversión. Integrante del grupo de Barcelona es quizá uno de los poetas que más ha influido en las generaciones posteriores.
Nació en Barcelona en 1929. Sus padres, vinculados al sector financiero y a los negocios de Ultramar, que se habían establecido en la ciudad procedente de Castelló. El pequeño Jaime pasó la Guerra Civil en Nava de Asunción (Segovia).

Cursó el Bachillerato en el Instituto Luis Vives, en Sarriá, y su primera juventud estará marcada por los veranos en Castelló y la vida burguesa barcelonesa: veladas en el Liceo, natación, tenis y equitación en el Club de Polo.

En el año 1946 ingresa a la Facultad de Derecho y entra en contacto con Carlos Barral, Joan Reventós, Alberto Oliart y Antonio de Senillosa. Conoce también a José María Castellet que lo introducirá en la corriente denominada "realismo crítico".

Desde 1955 trabaja en Tabacos de Filipinas. Primero como miembro del equipo de la Asesoría Jurídica, y posteriormente como asesor personal del presidente de la multinacional, Manuel Meler.

Enfermo de SIDA, muere en Barcelona el 8 de enero de 1990.

Su trayectoria como poeta había terminado muchos años antes, puede ser porque la vocación literaria dejará paso a la pasión por la lectura, o puede porque como el mismo va a decir: "yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema..."
Vivió 59 años, 50 años intensos, diría yo.
Pero como decía antes, Gil de Biedma es otro poeta imprescindible.
Sólo tenéis que leerle. Os dejo aquí para ello alguno de sus poemas que confío despierten la necesidad de seguir conociéndole.
NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

"Poemas póstumos" 1968

VALS DE ANIVERSARIO

Nada hay tan dulce como una habitación
para dos, cuando ya no nos queremos demasiado,
fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo,
y parejas dudosas y algún niño con ganglios,

si no es esta ligera sensación
de irrealidad. Algo como el verano
en casa de mis padres, hace tiempo,
como viajes en tren por la noche. Te llamo

para decir que no te digo nada
que tú ya no conozcas, o si acaso
para besarte vagamente
los mismos labios.

Has dejado el balcón.
Ha oscurecido el cuarto
mientras que nos miramos tiernamente,
incómodos de no sentir el peso de tres años.

Todo es igual, parece
que no fue ayer. Y este sabor nostálgico,
que los silencios ponen en la boca,
posiblemente induce a equivocarnos

en nuestros sentimientos. Pero no
sin alguna reserva, porque por debajo
algo tira más fuerte y es (para decirlo
quizá de un modo menos inexacto)
difícil recordar que nos queremos,
si no es con cierta imprecisión, y el sábado,
que es hoy, queda tan cerca
de ayer a última hora y de pasado

mañana
por la mañana...

IDILIO EN EL CAFÉ

Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos -qué latido
de la sangre en los párpados- y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.

No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,
rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.

Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio
arriba, más arriba, mucho más que las luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
y este beso igual que un largo túnel.

domingo, 20 de mayo de 2007

José Hierro llevado al teatro: "Fragmentos de Cuaderno de Nueva York"

Un momento de la representación de 'Fragmentos de Cuadernos de Nueva York'

El pasado viernes 18 disfruté del montaje "Fragmentos de Cuaderno de Nueva York" que la Sala Ítaca de Madrid (C/ Canarias 41) ha realizado a partir de los textos de José Hierro de su libro "Cuaderno de Nueva York". Una hora y media en la que los actores van escenificando algunos de los poemas del libro.
La pena es que la representación sólo sean unos pocos días en Madrid. Confío en que se prolongue en otras salas y ciudades y en nuevas fechas porque os recomiendo a los admiradores de la poesía de Hierro que veáis el espectáculo.

Era inevitable que en mi cabeza a la vez que escuchaba a los actores oyera la voz de Hierro recitando con su voz grave y rota al final de su vida estos poemas. La voz de los actores unida a la melodía de un violonchelo que toca en directo en el escenario como fondo a la palabra.
Reconozc
o que me emocioné y no pude evitar las lágrimas cuando representaron los poemas "King Lear en los claustros" y especialmente el poema que aquí os dejo, con sus tres versos finales y definitivos.
Precioso el final del espectáculo con la voz del propio Hierro, con los versos del soneto "Vida" que cierra el libro.

Lo dicho, os recomiendo que vayáis a ver la obra.


A ORILLAS DEL EAST RIVER

I
En esta encrucijada,
flagelada por vientos de dos ríos
que despeinan la calle y la avenida,
pisoteada su negrura por gaviotas de luz,
descienden las palabras a mi mano,
picotean los granos de rocío,
buscan entre mis dedos las migajas de lágrimas.

Siempre aspiré a que mis palabras,
las que llevo al papel,
continuasen llorando
-de pena, de felicidad, de desesperanza,
al fin, todo es lo mismo-,
porque yo las había llorado antes;
antes de que desembocasen en el papel blanquísimo,
en el papel deshabitado, que es el morir.
Dejarían en él los ecos asordados, empañados,
de lo que tuvo vida.
Alguien advertiría la humedad de las lágrimas,
lloraría por seres que jamás conoció,
que acaso no es posible que existieran
aunque estuvieron vivos
en el recuerdo o en la imaginación.
Lloraríamos todos por los desconocidos,
los -para mí -difuminados
en la magia del tiempo.

Contra las estructuras
de metal y de vidrio nocturno
rebotan las palabras aún sin forma,
consagradas en el torbellino helado,
y no me hacen llorar.
Yo ya no sé llorar. ¡Y mira que he llorado!

II
Yo ya no lloro,
excepto por aquello que algún día
me hizo llorar:
los aviones que proclamaban
que todo había terminado;
la estación amarilla diluida en la noche
en la que coincidían, tan sólo unos instantes,
el tren que partía hacia el norte
y el que partía hacia el oeste
y jamás volverían a encontrarse;
y la voz de Juan Rulfo: «diles que no me maten»;
y la malagueña canaria;
y la niña mendiga de Lisboa
que me pidió un «besiño».

Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar.

De "Cuaderno de Nueva York" 1998

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(Para más información sobre José Hierro en este blog:
http://javierdiazgil.blogspot.com/2007/03/jos-hierro-la-poesa-misma.html
http://javierdiazgil.blogspot.com/2007/03/jos-hierro-y-el-penal-de-el-dueso.html)